Soffer 77 por Ricardo Gurina

Pocos aficionados a las estilográficas piensan en una firma española cuando tienen que nombrar su marca favorita. Los nombres de Sheaffer, Parker, Montblanc, Sailor u otros se repiten frecuentemente pero oír de boca de un coleccionista la palabra Odina, Excelsa o Super T no suele ser habitual.

Sin embargo, durante unos breves años la industria nacional fue capaz de producir algunos modelos dignos de elogio. A finales de los años treinta en España básicamente operaban los marquistas, compañías que se limitaban a hacer plumas con partes de diferente procedencia y plumines extranjeros de importación.

La situación cambia tras la Guerra Civil y el estallido de la Segunda Guerra Mundial que se cierra con el bloqueo y aislamiento del régimen franquista. Acontecimientos negativos que, curiosamente, son decisivos para que algunas casas españolas den un salto de calidad a nivel tecnológico y comiencen a producir sus propias estilográficas.

Varios hechos contribuyen a ello. Algunas firmas extranjeras de prestigio como Montblanc, Waterman o Aurora, por necesidades de deslocalizar la producción en el caso de la germana o por cuestiones de mercado, lanzan unidades fabricadas en España, hoy muy buscadas y valoradas.

Es el caso de la familia Wiese que desde Barcelona produce, en parte o en su totalidad, estilográficas de la casa bávara en los cuarenta y adquiere conocimientos que luego plasma en sus modelos, y otro tanto le sucede a otras fábricas españolas de la época.

Además, la situación política impide las importaciones de artículos extranjeros lo que deja un vacío que las firmas nacionales aprovechan para cubrir la demanda del mercado. En esos años se crean muchas empresas en el sector y la industria se fortalece gracias a la falta de competencia.

Nombres como Icsa, Condor, Marconk, Capitán, Helios, Inoxcrom, Admiral, Univex, Beytol, Font-Pelayo o Regia se hicieron familiares en los hogares españolas. Muchas se limitaron a copiar los modelos que triunfaban en el resto del mundo pero algunas dejaron piezas que merecen ser recordadas.

Como la Soffer 77 que nos ocupa en este post. Esta pluma fue fabricada por Ricardo Gurina, que fundó la marca barcelonesa a principios de la década de los cincuenta, en torno a los años 1955-1958.

Se trata de un modelo de gama alta que lleva el capuchón bañado en oro y decorado con líneas verticales de diferente longitud, mientras que el cuerpo está acabado en plástico de color azul oscuro y rematado con un aro de metal cromado.

La pluma viene con un agujero de ventilación perforado en la base, tiene la sección acanalada horizontalmente para mejorar el agarre al escribir, y presenta un inusual clip que emerge directamente de la corona que culmina la capucha.

Se carga mediante depósito flexible, a la manera del sistema aerométrico de Parker, y el plumín bicolor, probablemente fabricado por la casa catalana Onsés, es de metal bañado en oro. Lleva inscrito el nombre de la marca y la referencia al punto de iridium de primera calidad, de trazo medio y escritura fluida.

En el cuerpo se repite la denominación de la casa y se hace una referencia a Barcelona, ciudad donde se fabricaba y en la que se asentaban la gran mayoría de las firmas del sector de la escritura.
 

La unidad, que mide 13,9 centímetros de largo por 1,2 de ancho y tiene un peso de 21,1 gramos, es un modelo de referencia para los coleccionistas especializados en plumas españolas y una estilográfica plenamente funcional para el uso diario, además de clásica y económica.



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