Symphonion y Polyphon: los tocadiscos del bisabuelo

Los estudios para desarrollar una caja de música de disco comenzaron a principios del siglo XIX y se concretaron en mecanismos, de tamaño reducido, que empleaban un disco fijo plano giratorio con púas que vibraban al pasar sobre un diente afinado y podían montarse en objetos cotidianos como bastones, relojes, botellas o recipientes para rapé. 

Estos artilugios, posteriores a la creación de la considerada como primera caja de música de la historia, obra del relojero ginebrino Antoine Favre (1767-1828) que perfecciona y miniaturiza el sistema de láminas metálicas abandonando las campanillas, fueron los precursores de las unidades de cilindro pero quedaron relegados por la industria helvética, la primera en explotar comercialmente el nuevo invento, que apostó por las ventajas del método de rodillo y peine.

La situación dará un giro radical a mediados de la década de 1880 con la introducción de los discos metálicos intercambiables.

Las modernas cajas de música, basadas en soportes musicales baratos y sustituibles a voluntad, resultaban más económicas, ofrecían mejor calidad de sonido como aparatos de reproducción doméstica, y contaban con un repertorio melódico más amplio que los productos suizos.

Los centros de producción de Ginebra y Sainte-Croix cedieron temporalmente su posición en el sector pese a las constantes innovaciones implementadas por sus artesanos a lo largo de la centuria (cilindros extraíbles, peines múltiples, campanas, sordinas, programas de larga duración, cajas dúplex y orquesta, sublime harmonie…).

Los alemanes, y en menor medida los estadounidenses, tomaron el testigo hasta los años previos a la Primera Guerra Mundial e inundaron el mercado con las nuevas cajas de música de discos intercambiables y transmisión central y periférica.

Estos modelos sustituyen el mecanismo basado en el rodillo de púas por una serie de ruedas estrelladas montadas sobre un eje, que actúa a la manera de cilindro giratorio, y unos discos perforados con pestañas / salientes en la cara inferior que al desplazarse y entrar en contacto con los dientes triangulares móviles transmiten el sonido al peine en la secuencia deseada.

Llevan una manivela en la cara frontal / lateral para cargar manualmente la cuerda y poner en funcionamiento el eje vertical sobre el que se encaja el disco, que viene con un agujero en el centro al que, según los diseños, se le agregan otros orificios menores de transmisión para fijarlo con mayor seguridad al dispositivo.

Además, incluyen una barra metálica, que se extiende del eje a un lateral o cruza de lado a lado, con ruedas de goma que oprimen la placa circular contra los dientes y optimizan el roce con los salientes, corrigiendo las desviaciones, y unos rodillos / soportes de plato, sobre los que se desliza el borde exterior del disco, que ayudan a mantener la placa en forma cóncava o convexa.

El éxito de la idea resultó arrollador pero la dura competencia del gramófono, que terminará imponiéndose como instrumento preferido en los hogares, los dejó obsoletos en apenas tres décadas, aunque todavía hoy en día casas como Thorens fabrican algunos tocadores de discos contemporáneos de gran belleza y los coleccionistas pagan cifras elevadas por hacerse con estas piezas históricas.

El primer planteamiento conocido de máquina basada en estos principios se debe al británico Ellis Parr, aunque serán las compañías germanas las pioneras en desarrollar y producir unidades en serie para familias y negocios.

Symphonion, Polyphon y su filial Regina-fundada inicialmente para operar en Estados Unidos- acaparaban el 90% del mercado, y empleaban a cerca de dos mil trabajadores en sus factorías de Leipzig y Jersey, de donde salieron miles de artículos que se exportaban a todo el mundo.

Su producto más demandado consistía en una sencilla caja de mesa realizada en madera-roble barnizado de nogal, caoba y roble sin tratar- que albergaba el mecanismo musical, y llevaba en el interior una litografía / pintura con querubines, enanos, paisajes bucólicos, personajes, niños o publicidad de la marca.

Sin embargo, los catálogos de estas empresas incluían también una gran diversidad de modelos, con discos montados en vertical u horizontal y forma de armario, escritorio, estantería y cofre, que se presentaban, a veces, con un espacio para almacenar los soportes musicales y podían adornarse con pátina de cerezo, taraceas, tallados, calados, remates de bronce, artesanías y motivos decorativos del gusto de la época.

Igualmente, produjeron piezas singulares como barriles de cerveza y relojes con mecanismos de discos adaptados que solían trabajar con monedas y se instalaban en bares y otros establecimientos.

A nivel técnico, los cambios se sucedieron de forma constante. A las primeras unidades de carga manual le siguieron modelos de cuerda a llave que permitían una regularidad en la ejecución de las piezas musicales, referencias con sistemas automáticos de cambio de disco, y piezas tardías que, gracias a un accesorio, operaban también como gramófono y eran capaces de reproducir sus formatos (Reginaphone).

Otras innovaciones destacables llegaron a través de los discos cuyo borde exterior podía rematarse con orificios, dientes u hoyuelos.

Los primigenios realizados en cinc, con salientes proclives a las roturas, fueron mejorados con aleaciones más fuertes o sustituidos por los de acero, e incluso aparecieron en el mercado máquinas como la Stella que trabajaban con placas perforadas circulares que carecían de pestañas y en las que las ruedas estrelladas del eje sobresalían a través de los orificios del disco.

Durante unos años, antes de la generalización del cambio automático de soporte, tuvieron cierto predicamento los discos denominados de armonías múltiples, obra de Gustav Bortmann y Alfred Kelier, que permitían elegir entre dos melodías desplazando el eje central de un aparato patentado ex profeso, Sirion, para que entrara en funcionamiento un segundo grupo de salientes.

Se incorporaron también a las cajas de música de discos intercambiables muchas de las tecnologías que habían desarrollado los suizos para los modelos de cilindro y púa.

Una de las más complicadas de implementar fue la sordina, concebida para amortiguar la vibración de los dientes del peine antes de un nuevo golpe, algo muy importante si se producen varios impactos seguidos.

Inicialmente, cada fabricante desarrolló su propio sistema de sordinas- realizadas con fieltro, catgut, palancas de leva o cables de fricción delgados-, aunque la mayoría acabó adoptando el método que se mostró más eficaz y solvente, un diseño en forma de D que hacía que pasaran en vertical entre los dientes desde una barra de cobre.

También se elaboraron cajas de música con combinaciones de campanas, triángulos, tambores, caramillos, e incluso cuerdas de piano, y dotadas de controles y dispositivos para quitar el sonido a estos accesorios.

Las barras de metal armonizadas o las campanas tubulares, situadas en los laterales del mecanismo y bajo la placa base, se tocaban gracias a una adaptación instalada en el borde exterior del disco, lo que requería placas metálicas específicas y de mayor tamaño pero a cambio mantenía inalterables las dimensiones del peine.

Otro avance significativo fue la introducción del peine dúplex, que consistía en dos peines enfrentados y montados a cada lado de la rueda de dientes triangulares, una modificación que mejoraba un veinticinco por ciento el volumen y ofrecía un sonido más melódico.

Muchas firmas optaron por instalar en sus creaciones nuevos dispositivos relacionados con los anteriores como el peine sublime harmonie, un doble peine que ofrece variaciones de tono debido a las diferentes longitudes y afinados de los dientes y requiere el doble de inserciones en el disco respecto a un mecanismo normal, y la cítara / arpa, un accesorio muy popular a principios del siglo XX que se colocaba sobre el peine y se suponía que aumentaba y modificaba el sonido.

Symphonion 

Paul Lochmann, un empresario inventor dedicado al sector de la maquinaria, fue el primero en lanzar al mercado una caja de música de disco intercambiable a través de su empresa Kuhno-Lochmann.

En compañía de otros dos miembros, Gustave Brachhausen y Paul Reissner, registra, en 1885 en la ciudad de Leipzig-Gohlis, la marca Symphonion y un año más tarde comienza la producción de su aparato, que le situara a la cabeza del sector gracias a la calidad del reproductor y a la amplia oferta de tamaños, tipos y modelos en los que se ofrecía.

El crecimiento se ve afectado cuando dos años después los socios fundadores le abandonan para irse a la competencia, como veremos más adelante, y en 1889, con más de 120 empleados en plantilla, la empresa se convierte en sociedad anónima de responsabilidad limitada, pasa a denominarse Fabrik Lochmannscher Musikwerke, y entra a cotizar en Bolsa con el amanecer del nuevo siglo.

En torno a 1900, con una producción anual de unas cinco mil máquinas y cien mil discos y una filial operativa en Estados Unidos, la Imperial Symphonion Manufacturing Co, establecida tres años antes en Nueva Jersey, el capital de la compañía queda bajo control de Franz Thumen y Hans Kanitz hasta finales de la década.

Lochmann decide emprender una nueva aventura en solitario en su localidad natal de Zeulenroda con la inauguración de la empresa Original Musikwerke Paul Lochmann GmbH, que realizara la serie Lochmann Original de cajas de música de disco y la orquestina de discos conocida como Original Konzert Piano.

Tras la salida de su fundador, la historia continúa a duras penas para la empresa de Leipzig. Dificultades financieras obligan a reestructurarla bajo el nombre Symphonion-Fabrik AG, y con el estallido de la Guerra Mundial cambia la sede a Erfurt, Turingia, y entra en el floreciente negocio de los fonógrafos y los pianos mecanizados bajo la dirección de Paul Scheibe.

La nueva actividad le permite subsistir un tiempo con dificultades, pero finalmente desaparece en los años treinta ante el avance imparable del progreso.

A lo largo de su trayectoria, Symphonion, que manufacturaba discos metálicos de unos 21 tamaños diferentes desde 11 a 76 centímetros de diámetro y se identificaba con el logo de una lira con estandarte, fue responsable de muchas de las innovaciones y novedades introducidas en el sector que luego se copiaron y adaptaron a otros instrumentos.

Son famosas sus piezas de relojes de sonería con discos, sus máquinas de placas múltiples- la Eroica de tres es muy buscada por los coleccionistas debido al atractivo y singularidad de su sonido- las diseñadas para las barras de las cervecerías (Gambrinus), el modelo de sobremesa Rococó, montado en una caja finamente tallada, y los grandes cambiadores automáticos verticales (la serie cien incluía doce discos y diez campanas y otros llevaban peines dobles y podían sonar ininterrumpidamente casi veinte minutos).

También se deben a la compañía inventos decisivos como la rueda con dientes triangulares, obra de Paul Wendlan, el método de refuerzo de las placas de aleación de cinc, los primeros sistemas de sordinas que empleaban peines con dientes finos cubiertos de fieltro montados debajo del musical, y la adaptación de motores eléctricos.

En las imágenes que acompañan este reportaje se observa uno de los primeros modelos de mesa producidos por la marca.

Se trata de una austera caja de madera de tapa con bisagras y un solo peine, con el nombre grabado en dorado en el frontal y el interior adornado con un papel de colores con la descripción del aparato en tres idiomas.

Lleva el freno y la manivela de carga en un lateral, la estructura está acabada en metal dorado granulado, y monta una barra metálica con tres ruedas de goma que se extiende de lado a lado y se levanta para insertar el disco.

El eje vertical se remata con una pieza redonda con un punto, que corresponde con el orificio de transmisión practicado a los discos, y en lugar de adoptar rodillos de plato opta por dos pivotes triangulares.

Polyphon 

Los dos emprendedores que, despechados, habían abandonado la compañía Symphonion, Gustave Brachhausen y Paul Reissner, decidieron establecerse por su cuenta para hacerle la competencia a su antiguo socio y fundaron, en 1889, Polyphon Musikwerke, también ubicada en la ciudad de Leipzig.

El nuevo sello comercial se benefició de todo el know-how acumulado por la empresa pionera y este hecho, unido a un mejor aprovechamiento de las técnicas de venta y marketing, provocó que, en pocos años, su producción y facturación superaran con creces las cifras de la factoría de su mentor.

La marca, que en su época de esplendor daba trabajo a más de un millar de personas, por encima del valor conjunto de sus dos principales competidores, tuvo que litigar, en un proceso largo y duro, contra Lochmann que les acusó de apropiarse de sus ideas.

La causa objeto de disputa, el método de refuerzo de los discos, le resultó favorable y su sistema, inspirado en el de Symphonion y basado en cortar una lengüeta de metal e inclinarla, a la manera de un puente, sobre la superficie del disco para proporcionar apoyo adicional, fue admitido y supuso un avance significativo ya que conseguía mayor grado de dureza que el original.

La expansión de la firma y la patente se consolida con la apertura, en 1892, de una nueva enseña en Estados Unidos, Regina Music Box.

La filial, que en los primeros años recibía piezas y componentes de Alemania que posteriormente montaba en las instalaciones de Jersey, ganó protagonismo y autonomía con el tiempo hasta acabar diseñando y realizando sus propios discos y mecanismos.

Con una facturación de dos millones de dólares anuales y una cuota de penetración en su país cercana al noventa por ciento, inventó diversos aparatos para hacer frente a la seducción del fonógrafo y el gramófono e incluso diversificó sus actividades- llegó a fabricar aspiradoras- para sobrevivir en el mercado, pero acabó por declararse en bancarrota y desapareció en 1922 tras comercializar unas cien mil referencias.

Al regreso de su viaje a América, Gustave, al que se atribuye la creación del cambiador automático, retoma su trabajo en la casa matriz.

En 1895 salen de la cadena de producción las primeras unidades del famoso tocador de discos Polyphon, cuya gama incluía desde modelos horizontales de tamaño tan reducido que podían sostenerse en la mano hasta unidades verticales de más de 2,4 metros.

La firma, que se reconocía con el sello de una diosa que portaba en sus manos una lira y una corona de laurel y sobre la que aparecía una estrella fugaz con el nombre de la casa germana, fabricaba discos que oscilaban entre los 16,5 y los 62 centímetros de diámetro.

Montaba sus mecanismos en cajas de sobremesa, escritorios chinos, estanterías para libros, y una gran variedad de tipos de armarios, aunque la pieza de mayor popularidad era la de placa metálica de quince pulgadas y media.

Entre sus creaciones más recordadas, hay que destacar el Emerald y el modelo Casket, una singular tocadora concebida a la manera de un cofre compacto de madera cuya tapa superior se desplegaba en dos hojas dejando ver el mecanismo de peine doble y dieciséis campanas, que sonaban gracias a la adición de otro peine menor de ocho dientes ensamblado junto al principal.

En 1899, coincidiendo con un cambio de sede para hacer frente a los crecientes pedidos, preparan el lanzamiento del Concerto. Este novedoso aparato, comercializado un año después a ambos lados del Atlántico, equipaba un disco orquestina con piano, bombo, tambor y timbres e incluso se llegó a fabricar con rodillos de papel.

La compañía, que también vendió muchos relojes con discos concebidos para que la música funcionara cada hora, tenía varios productos complejos en catálogo como cambiadores automáticos de apoyo al suelo a monedas con diez melodías diferentes y tocadores múltiples de dos discos programados para operar en armonía.

Otra de las adaptaciones implementadas para seguir gozando del favor del público fue incluir un accesorio, en cada modelo vertical o de sobremesa, para poner los nuevos discos de gramófono y disfrutar de ambos formatos en la misma unidad.

Estas máquinas, Gramo-Polyphon, se vendieron bastante bien pero la nueva moda imperó y en torno a 1914 la firma dejo de fabricar cajas de música de disco.

En las fotografías que ilustran el post, se aprecia una pieza de la marca, de carga manual y estructura de madera con incrustaciones metálicas.

Viene con cuerda en el frontal, cerradura de llave e ilustración de corte infantil en el interior, y monta un peine estándar con una barra metálica que se extiende del eje central a uno de los laterales.

Equipa un rodillo de plato con refuerzo de latón en cada extremo, una placa base dorada y dos placas identificativas, una circular y otra rectangular, con el logo de la diosa mujer y el nombre del fabricante.

Un objeto muy deseable que, al igual que muchas de las cajas musicales realizadas por las firmas tratadas y otras casas suizas, alemanas y estadounidenses, atrae la atención de coleccionistas y estudiosos.

Bellas máquinas para ver, tocar, escuchar, y desentrañar.

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2 respuestas a «Symphonion y Polyphon: los tocadiscos del bisabuelo»

  1. Me llamo Xandra Marcos, resido en España. Mi familia tiene un shyponiom dde la segunda mitad del S. XIX de dos cuerpos, con discos de metal. Estamos interesados en su venta y queríamos saber si ustedes estarían interesados.
    Gracias

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