Libros infantiles ilustrados y manuales de escuela (II)

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‘Popeye y la bruja de los siete mares’. Libro desplegable editado por Molino a finales de los años treinta e ilustrado por E. C. Segar. Estos ejemplares -complejos trabajos de papiroflexia-gozan hoy de gran popularidad

A principios del siglo XIX el sector editorial en España se reducía a contadas empresas y la oferta de ejemplares juveniles e infantiles y, sobre todo, volúmenes escolares de grado elemental era muy escasa.

Las cartillas, silabarios y títulos religiosos aún constituían la base de la enseñanza pero, poco a poco, otros manuales se incorporan a este utillaje pedagógico que apenas se empleaba en el aula ya que el maestro era la fuente de la que bebían los alumnos lo que frenaba la demanda de nuevos contenidos, autores y editores.

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Las enciclopedias, como ésta del profesor Antonio Álvarez Pérez, obtuvieron una gran acogida entre los niños españoles

El mercado surge en la era isabelina gracias a la primera ley de Instrucción Primaria de 1838, que marca el comienzo de la escolarización activa y el inicio de una política oficial en materia de libros de texto, y se desarrolla notablemente a partir de la restauración borbónica cuando en tres décadas el número de alumnos pasa de 1,3 a 1,9 millones.

La industria se concentra en la enseñanza elemental debido al reducido número de matriculados en el grado secundario y universitario y a que en estos estratos la cifra de manuales aprobados para cada asignatura estaba restringida.

La eclosión del producto encuentra algunos frenos como el retraso en la introducción de la formación simultánea -generalizada a partir de la implantación de la escuela graduada-, la limitación del currículum de las escuelas, el precio excesivo de los ejemplares, entre 1 y 2 pesetas de la época, y el rechazo de determinados ámbitos del profesorado que consideraban los libros inútiles.

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Los libros sobre naturaleza y vida animal formaban parte del utillaje pedagógico de los menores
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Dispositivo cartográfico pedagógico de la casa Solos para ayudar al menor en el aprendizaje de la geografía con láminas transparentes intercambiables

El régimen liberal, cuyo objetivo era alfabetizar al pueblo y construir una red escolar densa, opta por la uniformidad en materia de enseñanza y edición con un sistema de libertad restringida basado en las listas de volúmenes aprobados o denegados por el Consejo de Instrucción Pública.

Según la citada ley Moyano, todas las asignaturas de primera enseñanza cuentan con libros oficiales que se comunican en listas gubernamentales trienales, sin que exista límite en cuanto al volumen de ejemplares de lectura autorizados.

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Dos ejemplares ilustrados de enseñanza elemental

Este método se mantiene durante la restauración y en el periodo comprendido entre los años 1879 y 1899 se habilitan 1.769 manuales para primaria, aunque como la última palabra la tenía el maestro se producían muchos abusos y corruptelas.

Alrededor de la mitad de los textos eran de lectura seguidos de los volúmenes de aritmética, moral, geografía e historia, gramática, urbanidad, geometría, ciencias naturales, higiene, economía, agricultura, industria, comercio y dibujo.

Varios de los publicados gozan de gran éxito y predicamento con sucesivas reediciones que llegan a alargar su vida comercial varias décadas. Entre éstos brillan los de urbanidad dedicados a glosar los usos sociales, las costumbres, los códigos, las conductas y los valores que definían el rol masculino y femenino de la burguesía decimonónica.

Las primeras casas comerciales que aprovechan este nuevo nicho de mercado y lo convierten en el centro de su actividad serán Santarén, Hernando y Paluzíe.

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La casa Paluzíe publicó manuales de escuela de gran calidad, tanto en contenidos como en ilustración
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El niño aprende a leer con los silabarios, una de las especialidades de Ramón Sopena

El establecimiento tipográfico de Fernando Santarén Martínez fue fundado en Valladolid en torno a 1800-1803 y permaneció durante más de un siglo en manos familiares hasta que en 1913 se fusionó con el diario El Norte de Castilla y la Imprenta Castellana cesando su actividad a comienzos de los sesenta.

Esta empresa, denominada también Viuda e hijos de Santarén, empezó editando pliegos ilustrados, algunos juveniles (El pícaro Guzmán de Alfarache, Edmundo Dantés, conde de Montecristo, La máscara de hierro…), y a partir de 1860, bajo la gestión de sus herederos Fernando Santarén Ramón y Fernando Santarén Madrazo, se convierte en una de las más florecientes del país en imprenta, papelería y librería.

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Calleja está considerada la mejor editorial española histórica en materia de literatura infantil y juvenil
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Los libros de la casa madrileña prestaban una especial atención a la ilustración

Victoriano Hernando y Palacios (1783-1866), maestro de primera enseñanza y autor de numerosas obras, inaugura su negocio en Madrid a finales de la década de los veinte, una sociedad vinculada a la difusión pedagógica, literaria y científica que surte de textos y menaje a las escuelas de España, América y Filipinas y con cuyos manuales se formarán los niños españoles durante más de una centuria.

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La emblemática empresa compró los derechos para España de casi todos los contenidos publicados en el mundo para este segmento de población y los combinó con textos propios

El segoviano, que queda apartado de la docencia tras enseñar la Carta Magna en verso, asume el rol de editor-impresor y su primer catálogo de 1847 ya reúne más de 200 títulos entre fábulas, caligrafías, obras de modales, lecturas y materias diversas.

El negocio, que se publicita mediante boletines de novedades y anuncios, mantiene su pujanza durante más de ciento cincuenta años bajo el mando de sus descendientes y modifica varias veces su razón social (Gregorio Hernando, Viuda de Gregorio Hernando y Compañía, Perlado, Páez y Cía…) hasta cerrar en 1985.

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Victoriano Hernando y Palacios inicia su actividad a principios del XIX y comercializa numerosas caligrafías

Esteban Paluzíe y Cantalozella (1806-1873), maestro catalán y pedagógo innovador al que ya nos hemos referido otras veces en nuestro blog, pone en marcha su editorial en 1837.

Constata que la bibliografía primaria era escasa y que existía una importante carencia de libros escolares y para subsanarlo escribe, dibuja y publica algunos ejemplares caracterizados por contenidos notables y atractivos grabados.

Su proyecto empresarial pervive en la persona de su hijo Faustino Paluzíe y permanece operativo hasta los años posteriores al final de la Guerra Civil.

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Manual de enseñanza de la editorial Luis Vives

En la década de los cincuenta, impulsadas por la ventajosa legislación y por el creciente negocio, que también abarcaba el continente americano y las antiguas posesiones españolas en Asia, surgen nuevas referencias corporativas.

Es el caso de la librería burgalesa de Santiago Rodríguez Alonso, autor de importantes volúmenes e identificado con el lema ‘La escuela redime y civiliza’, que tenía en nómina a algunos de los mejores narradores e ilustradores y está considerada en la actualidad la quinta más antigua del país y también de la conocida empresa barcelonesa de Juan y Antonio Bastinos Coll.

Esta librería premiada en certámenes nacionales e internacionales (París, Viena, Chile, Filadelfia, Zaragoza…), que se centra en libros de producción propia y ajena de primaria, magisterio e infancia y edita y financia varias revistas infantiles y de enseñanza, muta en diversas ocasiones de denominación y conserva actividad hasta finales de la segunda década del pasado siglo.

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Condesa de Ségur fue una escritora francesa de origen ruso conocida en el XIX por sus títulos infantiles

En el último tercio de la centuria se incorporan también al ramo Manuel Rosado (1866), el periódico de instrucción pública El Magisterio Español (1867) -decano de la prensa no diaria bajo el paraguas del grupo Siena-, Saturnino Calleja y Fernández (1876), Luis Vives, hoy Edelvives, en 1890 y Ramón Sopena (1894).

El burgalés Calleja, redactor de ejemplares de instrucción primaria y lecturas infantiles, comienza su andadura en la librería madrileña de su padre que compra tres años más tarde para convertirla en una de las editoriales más populares y seguidas a ambos lados del Atlántico, rozando los 3,5 millones de unidades vendidas al cierre de la centuria.

Al morir, su hijo Rafael mantiene hasta 1929 una tendencia continuista, mejorando las técnicas y las ediciones y abriendo el catálogo a obras científicas y literarias.

Sus cuentos alcanzan cotas nunca superadas de buen gusto, originalidad e innovación bajo la dirección de Salvador Bartolozzi. Relatos de letra pequeña y lectura amena, con dibujos en negro y lo mejor de la literatura infantil universal, y adaptaciones propias de calidad.

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Encarnación Aragoneses de Urquijo escribió, bajo el seudónimo de Elena Fortún, la afamada serie de aventuras para niñas protagonizada por Celia

El nieto del mismo nombre asume las riendas durante la contienda española, donde la producción y la excelencia se resienten notablemente, hasta que la histórica y legendaria casa cesa la actividad en 1958.

La empresa destacó por lanzar grandes tiradas con poco margen de beneficio y a precios muy competitivos para que cualquier niño pudiera acceder a sus productos y, en cuestión de pedagogía, elaboró textos basados en las más modernas tendencias europeas y con profusas ilustraciones explicativas llegando a repartir muestras gratis por los colegios y entre los maestros a los que apoya a través de numerosas iniciativas.

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La editorial Araluce fundada por el santanderino Ramón de San Nicolás Araluce cesó su actividad en los cincuenta pero dejó un gran legado de títulos propios y adaptaciones juveniles de literatura universal

Su catálogo, cercano a los tres mil ejemplares, incluye también diccionarios, mapas, retratos, atlas, láminas enciclopédicas y libros de diferentes materias. Combina títulos de entretenimiento y texto en una actividad integral que le lleva a liderar el mercado editorial para niños y jóvenes.

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Ramón Sopena abrió delegaciones en muchos países hispanohablantes

Por su parte, Ramón Sopena López (1867-1932) inicia su andadura como empresario con una sencilla imprenta que abre en la localidad barcelonesa de Vilanova i la Geltrú hasta que un lustro más tarde, ya operando como editorial, se traslada a la Ciudad Condal y continúa su expansión, primero a Madrid y luego inaugurando sedes y delegaciones en diversos países hispanohablantes (Argentina, Chile, México…).

Famosa por sus enciclopedias, manuales y diccionarios, la sociedad destaca también en los años treinta por las series juveniles de cuentos ilustrados a color y en negro, por los libros de personajes como Dick Turpin y Buffalo Bill y por las colecciones de Biblioteca Selecta y Biblioteca Infantil.

Tras asentarse dentro del ramo, se centra en la literatura y la enseñanza donde obtiene notables éxitos llegando su aventura hasta los inicios de este siglo cuando desaparece.

En las últimas décadas del XIX ya existe una red de distribución de libros y efectos para las escuelas que se da a conocer a través de catálogos extensos e iluminados de casas autóctonas y foráneas -J. F. Schreiber o F. Volckmar-con material, mobiliario y ejemplares de texto y de toda índole.

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Páginas del libro ‘Ya sé escribir’ del maestro nacional Agustín Vicente que incluía grabados, conocimientos, lecciones de cosas y ejercicios de lenguaje

Durante la restauración la capital lidera el mercado con 44 librerías escolares (Eugenio Sobrino y Dorado, Antonio Pérez…) seguida de Barcelona (Carbonell y Esteva, Ruiz y Feliu, La Anticuaria, Sucesores de Blas Camí…) y Valencia (Matías Real, Librería Villalba, Vicente Ferrandis…) con 23, pero en otros muchos puntos del país aparecen negocios similares y especializados en este campo.

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Gramática Española de la catalana Edelvives

La demanda trae consigo también el surgimiento de un entramado de autores profesionales de manuales (Pilar Pascual de Sanjuán, José Mariano Vallejo, Vicente Naharro…) que trabajan para los editores y coexisten con los maestros e inspectores artífices de sus propios contenidos -en torno al 65% del total-hasta que los desbancan.

Esta clase de libros, las lecciones de cosas y las enciclopedias gozaban de muchos acólitos, solían realizarse en tiradas de dos millares de copias y muchas veces eran reediciones de contenidos ya conocidos.

El libro de texto en el siglo XX

A principios del siglo XX el libro de texto ya es un auxiliar indispensable en el aula.

Aunque algunas pequeñas editoriales abastecen los mercados locales, el grueso de la producción lo copan las grandes editoriales nacidas en la centuria anterior, responsables de su modernización y de los cambios en materia de presentación y atractivo, a las que se sumarán otras nuevas que irán apareciendo progresivamente.

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Dalmáu Carles Pla fue una de las editoriales más importantes del siglo pasado en el ámbito educativo y recreativo

Es el caso de Dalmau Carles (1904) -del que hace pocos meses escribimos un extenso artículo-, Seix Barral (1911), Sociedad General de Representaciones y Suministros (1919), Elzeviriana y Camí (1921) y Juventud y Aguilar (1923).

También resaltan Material Escolar y Científico S.A. (1925), Espasa Calpe (1931), Molino (1933), constituida a iniciativa del vallisoletano Pablo del Molino Mateus, y las dedicadas a comercializar en los cincuenta las enciclopedias del profesor Antonio Álvarez Pérez, que ejercía en Zamora, desde ELMA y Miñón a EDAF.

Sin embargo, la tasa de analfabetismo todavía supera la mitad de la población y los índices de desescolarización alcanzan el 60% en algunas provincias (Albacete, Almería, Málaga, La Coruña…).

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Lecciones de cosas de Manuel Marinello

El mayor déficit se concentra en el noroeste y las zonas agrícolas pobres del sur y durante las tres primeras décadas del XX se produce un relativo estancamiento en la educación obligatoria que sigue sin integrar a los hijos de las familias obreras.

En 1900 se crea el Ministerio de Instrucción Pública y estos primeros años se caracterizan por la intervención estatal en la formación primaria. Se abonan los sueldos de los maestros pero habrá que esperar otras dos décadas para que la construcción de escuelas deje de recaer en los municipios.

También se emprenden diversas reformas auspiciadas por los intentos regeneracionistas y se ponen en marcha la Residencia de Estudiantes y El Instituto Escuela, entidades que ilustran a gran parte de la intelectualidad española.

En este sentido, toma fuerza el movimiento de la pedagogía progresista, gestado desde finales del XIX, que se manifiesta en las tendencias de la llamada escuela nueva o activa que, al contrario que la tradicional identificada con el autoritarismo y la memorización pasiva, aboga por interactuar con el alumnado y fomentar su creatividad.

En la dictadura de Primo existe un férreo control y se implanta la uniformidad en materia de libros de texto -uno por asignatura-, pero también se edifican seis mil nuevos centros de primaria en un periodo de ocho años sin que la matriculación varíe de manera significativa.

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Enciclopedia Cíclico-Pedagógica de Dalmáu Carles

La Segunda República trae un cambio total de orientación y un enorme interés por la educación como factor de redención lo que se traduce en ambiciosos planes escolares.

Nacen los Consejos de Enseñanza, crece el sueldo de los maestros, mejora la dotación y el material didáctico- láminas, dispositivos pedagógicos…-y la instrucción pasa a ser obligatoria y laica ya que la nueva constitución prohíbe el ejercicio a las ordenes religiosas. Además, se retoman las listas de títulos y se ponen en marcha 9.295 escuelas con más de 13.000 aulas.

El golpe de estado frena las reformas y al finalizar la guerra Franco, con las Leyes Educativas de 1945, reorganiza la primera enseñanza e implanta la religión obligatoria con lo que la moral cristiana y la ideología vuelve a condicionar la labor docente.

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Atlas de Teide, una editorial fundada en los cuarenta

En los sesenta, con la generalización de la televisión, la población escolar dobla sus cifras y la educación se extiende hasta los catorce años y una década después la Ley Villar Palasí establece un sistema de niveles para mejorar la calidad y lograr la escolarización plena.

El último periodo, ya conocido por casi todos, culmina en el actual sistema educativo.

Riqueza y variedad en la literatura infantil

El siglo XX representa un gran salto en el campo de la literatura infantil gracias a que los escritores analizan mejor la psicología del infante y los personajes ganan en consistencia y vida interior, surgiendo obras de gran belleza y complejidad conceptual.

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El personaje de Mari-Pepa, creado por Emilia Cotarelo de los Ríos e ilustrado por María Claret, aparece por primera vez en la revista juvenil Flechas y Pelayos

Además, emergen nuevos medios (radio, cine, televisión) y se extienden otras modalidades y formatos narrativos como las revistas juveniles, los tebeos, las historietas, los cromos comentados y los cuentos troquelados y de colorear lo que propicia la gestación en nuestro país de jóvenes compañías del estilo de Bruguera (1910), TBO (1917), Pulgarcito (1921), Fher (1937) o Toray (1945).

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La revista de historietas TBO apareció en el año 1917

La centuria se inicia nada más y nada menos que con Peter Pan (1904), el niño eterno que se resiste a crecer, y continúa con títulos atemporales como Winnie de Pooh (1927), Mary Poppins (1935), El Principito (1943), Pippa Mediaslargas (1945) y, en años posteriores, los relatos que construyen el mundo de Tolkien, los libros de Guillermo y los Hollister, las narraciones de Enid Blyton ilustradas por Pablo Martínez y joyas del estilo de Momo (1973) y La historia interminable (1979).

En España, que se incorpora tarde a este universo, destacan hasta los años treinta Salvador Bartolozzi, con las aventuras de Pipo y Pipa, Elena Fortún, con sus historias de situaciones cotidianas protagonizadas por Celia, Antonio Robles y sus cuentos cargados de bondad, Folch i Torres y Luz Morales.

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Cuento troquelado ilustrado por Sabatés. Toray sacó al mercado muchos ejemplares de este tipo, algunos bajo licencia Walt Disney

La catalana Bruguera, llamada al principio Gato Negro, fue constituida por Juan Bruguera Teixidó y estaba especializada en folletines, libros de chistes y revistas de historietas, un ámbito en el que competía con TBO, revista semanal editada por Buigas, Estivill y Viña de gran importancia en la historia del comic nacional.

Su actividad daría para un capítulo aparte pero es muy conocida también por sus cuadernillos de aventuras (El Cachorro, El Capitán Trueno…), por sus tebeos femeninos (Sissi, Blanca…), por su variedad de novelas gráficas y por sus publicaciones periódicas y grandes series recopilatorias hasta su extinción en 2006 tras un breve paso por el entramado del Grupo Zeta.

Durante la contienda el libro adquiere un marcado cariz ideológico y propagandístico y se emplea para el adoctrinamiento de los jóvenes.

Juventud, configurada en Barcelona por José Zendrera y distinguida por su calidad y heterogeneidad, y la madrileña Aguilar reanudan sus ediciones al finalizar la guerra y ésta última añade nuevas entregas a las peripecias de Celia (Celia madrecita, 1939 y Celia, institutriz de América, 1944).

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La narrativa clásica infantil encuentra en el folclore una importante fuente de inspiración

Otras empresas destacadas que se constituyen en estos tiempos son la bilbaina Fher de los hermanos Germán y José Fuentes Lizaur, centrada en álbumes de cromos, libros didácticos, muñecas recortables y troquelados y activa en la actualidad, y la catalana Toray dedicada a los tebeos y la literatura popular y fundada por Antonio Torrecilla y el guionista Antonio Ayné Arnau.

Esta editorial, que pervive hasta 1999, crea toda una escuela de autores e ilustradores con dibujantes tan conocidos como María Pascual y convive en la posguerra con sociedades como Hispano Americana, que populariza en España el comic estadounidense y el cuaderno de aventuras, y Cliper del editor Germán Plaza.

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Colección para la Infancia de la famosa editorial Bruguera

Tiempos en que despunta Emilia Cotarelo con Mari Pepa cuyas aventuras, dirigidas a niñas de 6 a 10 años, ilustradas por María Claret y publicadas primero en la revista Flechas y Pelayos y después en cuadernillos, se mantienen vigentes hasta principios de los sesenta.

Aparecen nuevas plumas y dibujantes como Mercé Llimona, Julián Pemartín y Borita Casas -Antoñita la Fantástica-y, en décadas posteriores, Gloria Fuertes con sus versos infantiles y otros autores de literatura para adultos (Ana María Matutes) deciden producir contenidos para este exigente público.

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Los tres investigadores de la editorial Molino

En los cincuenta se renueva el interés por las publicaciones para chicos y jóvenes y Aguilar con sus series de El Globo de Colores, Molino con títulos de aventuras y Ediciones Cid con personajes como Pañolín potencian sus secciones.

Surge la Editorial Doncel (1958) con colecciones como La Ballena Alegre, se generalizan los títulos baratos -1,5 pesetas-de la Enciclopedia Pulga (Ediciones G. P.) y Juventud lanza nuevos contenidos de literatura universal.

Otras empresas del calibre de Plaza & Janes, Planeta, Anaya y Santillana, que años más tarde serán líderes en edición de libros escolares, sacan colecciones de relatos, biografías y antologías de textos clásicos españoles.

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Serie de cuentitos populares para niños de Fher

En los sesenta, cuando brotan también las sociedades Susaeta (1963), líder en ventas de libros infantiles, Vilcar y Roma, el mercado se consolida con variedad de títulos y estilos y premios y certámenes que apoyan la difusión de nombres desconocidos.

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Sissi fue un personaje muy seguido por las niñas españolas

Lumen publica su serie de Grandes Autores para Niños y Juan Ferrándiz se hace famoso con postales navideñas de infantes y libros troquelados.

En esta época se pone de moda un estilo más pictórico favorecido por las nuevas tecnologías de impresión, lo que origina el surgimiento del álbum ilustrado con autores de renombre (Richard Scarry, Maurice Sendak…), y el libro desplegable vive de nuevo tiempos dorados con cuidadas ediciones.

A partir de los setenta se produce el boom literario nacional con infinidad de nombres reseñables (Joan Manuel Gisbert, Concha Fernández-Luna, Jordi Sierra i Fabra, Juan Farias…) acompañados de una nómina de ilustradores de alto nivel como Miguel Catatayud, Alfonso Ruano, Javier Serrano y Arcadio Lobato que sitúan a España a la cabeza de este nicho editorial.

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La conocida ilustradora María Pascual colaboró con Toray en diversas series de libros de colorear

Nace también la Editorial Altea con Libros para Mirar y en los ochenta se presentan colecciones por edades.

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Los títulos sobre personajes de Disney son innumerables

Otras empresas del sector serán Ediciones SM, con las primeras producciones infantiles de El Barco de Vapor de gran acogida y difusión, Espasa-Calpe y Austral Juvenil.

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El libro desplegable ofrece una belleza visual sin parangón

En el mundo actual, dominado por las nuevas tecnologías, se imponen poco a poco los recientes formatos digitales pero la literatura para niños y jóvenes y los textos didácticos tienen una relevancia inimaginable incluso para sus mejores etapas debido a que, hoy por hoy, los menores son los reyes de las familias del siglo XXI.

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