La medalla, un arte con mucha historia

REPÚBLICA FRANCESA. MINISTERIO DE COMERCIO. PLATA DE LEY, 1884. FRANCIA
Medalla de plata de ley de la República Francesa / Ministerio de Comercio (1884)

Rastrear los orígenes históricos de las medallas nos conduce, como ocurre con tantas otras creaciones humanas, a las civilizaciones clásicas.

En tierras de Egipto, Grecia, Israel y Roma aparecen los primeros ejemplos conocidos por la medallística, aunque estas piezas tempranas, muestras arcaicas de una rama artística que florecerá siglos más tarde en Italia, carecen de muchas de las características que hoy entendemos intrínsecas a la medalla.

De hecho, el término, sin equivalente en latín clásico, no se cita hasta el siglo XIII en algunos textos toscanos y alude inicialmente a las monedas antiguas que ya no tenían valor monetario (metallum).

De esta etapa primigenia existen piezas griegas, fenicias, hebreas (macabeos) e incluso árabes, pero las más comunes y estudiadas son las producidas por los romanos que inspiraran a los genios renacentistas que dan fulgor a la disciplina.

En época de la República y el Imperio, la medalla se acuña, al igual que la moneda, en dependencias oficiales y se limita a reproducir las efigies de emperadores, prohombres y gobernantes, empleando para ello diversos materiales (oro, plata, metal, cobre, hierro, bronce y plomo) y tamaños (mínimo, mediano y grande).

Moneda (didramma) de la serie “romano-campana”: Hércules y la loba que lacta los gemelos
Moneda (didramma) de plata representando a Hércules y la loba que amanta a los gemelos. Fechada en torno al 265 a. C. (Casa de Moneda de Roma). Fuente: http://www.museicapitolini.org

A finales de la Edad Media se producen monedas imitando los parámetros clásicos, con el busto del emperador en el anverso y un motivo y / o inscripción en el reverso, pero no será hasta el siglo XV cuando se restablezca su empleo, con técnicas y concepciones diferentes, y se sienten los principios de la medalla moderna.

Un objeto artístico, que suele diferir en tamaño y relieve de las monedas de uso comercial, definido por la RAE como «pieza de metal batida o acuñada, comúnmente redonda, con alguna figura, inscripción, símbolo o emblema. Bajorrelieve redondo o elíptico».

Medalla religiosa calada en plata que representa una Custodia

La medalla, emitida con fines estéticos, religiosos-Pontificias-, conmemorativos y también para premiar valores, servicios, gestas y acontecimientos de toda índole (científicos, militares, culturales, deportivos…), ofrece una gran libertad creativa y formal al no estar sujeta a una producción reglada.

Adopta además una enorme variedad de presentaciones (ovales, poligonales, cuadradas…) y compuestos (cristal, porcelana, cuero, cera…), lo que la convierte en un artículo muy coleccionable, que conjuga disfrute e inversión.

Es en el Renacimiento italiano cuando la medalla, ya en manos privadas, alcanza la categoría de arte equiparable a otras disciplinas como la pintura y la escultura gracias a Antonio di Puccio Pisano, el Pisanello.

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Autorretrato del pintor italiano plasmado en una medalla que data de 1440. Fuente: https://www.wikiart.org

Este pintor transalpino, de vida errante y misteriosa, trabaja en Venecia, en el Vaticano y en las cortes de Verona, Milán y Napolés donde deja huella con frescos coloridos y de trazo preciosista, dibujos brillantes y elegantes retratos.

Sin embargo, su nombre pasa a la posteridad gracias a su trabajo como medallista, una rama en la que se convierte en el autor más importante, relevante e influyente de su época, admirado y copiado hasta la saciedad por sus coetáneos ya que se calcula que tuvo más de dos centenares de imitadores.

Sus obras se presentan como una alternativa al retrato al óleo y ofrecen a las familias nobles y pudientes un nuevo formato, que no sólo plasma sus facciones con precisión similar a la pintura sino que las conserva en un soporte más fiable y resistente.

El Pisanello obtiene un éxito inmediato con estas representaciones en miniatura, equivalentes a nuestras fotografías, que se crean mediante la técnica de fundición o vaciado a la cera perdida y se retocan posteriormente con el buril

Este procedimiento escultórico, con el que genera medallas de bronce que casi parecen acuñadas gracias a un molde elaborado a partir de un prototipo modelado en cera de abeja, permite producir piezas de dimensiones y realces superiores a las monedas tradicionales y con acabados y detalles de elevada calidad.

En sus referencias, que firma con la leyenda Opus Pisani pictoris, recrea a los dignatarios de perfil en el anverso, en línea con la tradición romana, y destina el reverso a escenas alegóricas o figuras simbólicas, consiguiendo un afinado cóctel entre realidad e idealización.

Medalla retrato del marqués de Ferrara realizado por el Pisanello. Fuente: https://commons.wikimedia.org

Para la historia han quedado piezas únicas como las medallas del emperador bizantino Juan VIII y del rey Alfonso V de Aragón, obras que condicionan a toda una generación de medallistas y extienden la querencia por esta disciplina artística entre las clases altas.

Durante la segunda mitad del siglo XV, la afición por estos discos metálicos crece ligada a la popularidad que alcanzan como vehículo para retratar fielmente a personalidades de la vida pública en un soporte económico, fácil de transportar y reproducir y de probada durabilidad.

Numerosos artistas siguen los pasos de Pisano y algunos como Mateo di Pasti rozan cotas comparables con bustos que suelen adjuntar un lema o divisa para expresar el carácter, la posición social o los méritos del retratado.

En la centuria siguiente tiene lugar la diáspora de los medallistas italianos que se diseminan por todo el continente europeo llevando consigo las nuevas técnicas y tendencias, modernas frente al goticismo aún imperante.

Medalla realizada por Mateo di Pasti

Así, en Alemania los mejores artistas como Alberto Durero trabajan con moldes que se tallan en madera dura o piedra, dando lugar a obras muy minuciosas y originales a la manera de las facturadas por los imagineros y escultores de imágenes religiosas.

Sus medallas, en su opinión trabajos menores dentro de su desempeño como creador y no un arte autónomo tal y como consideraba Pisano, combinan realismo y espiritualidad y ejercerán una influencia decisiva en los maestros alemanes, holandeses y belgas del siglo XVI.

En los Países Bajos, con el advenimiento de los escultores italianos León y Pompeyo Leoni a la corte de Carlos V, se colocan los cimientos de una escuela autóctona de medallistas que entrelaza el realismo alemán y la delicadeza italiana mientras que en Inglaterra, Francia y España también prende la pasión por esta disciplina con artistas como Juan Pablo Pogggini y Jácome Trezzo.

En esta etapa, se recupera, poco a poco, el procedimiento de acuñación heredado de los romanos, con especial cuidado en el manejo de los troqueles, un desempeño en el que también sobresalen los artesanos italianos y cuyo iniciador es el milanés Ambrosio Foppa, el Caradosso.

Medalla del Papa Clemente VII obra de Cellini. Fuente: https://www.wga.hu

Otros cinceladores y grabadores notables de este periodo son los paduanos Alejandro Bassiano y Juan Calvino, el tridentino Antonio Abondio, que trabaja para los emperadores del Sacro Imperio Romano, y el florentino Benvenuto Cellini, uno de los más importantes orfebres renacentistas autor de monedas labradas, medallas, joyas y adornos refinados.

Esta fascinación por el mundo antiguo que se propaga entre las élites europeas tiene su traslación a la medalla, el soporte perfecto para emular las epopeyas de Roma y narrar y focalizar el relato histórico

Los medallistas configuran un discurso estético que toma prestados muchos elementos de la moneda romana antigua y los combinan con nuevas formas expresivas.

Así, sucede con las denominadas galerías metálicas, colecciones secuenciales de medallas ofrecidas en libros ilustrados con grabados, que narran la vida del soberano y los hechos cumbre de su reinado en un eficaz ejercicio de propaganda política y un intento de dejar huella en la historia.

PROMULGACIÓN DE LA CONSTITUCIÓN DE CÁDIZ. 1812. PLATA. FERNANDO VII, medallista español Félix Sagau y Dalmau.
Medalla en plata de ley dedicada a la Promulgación de la Constitución de Cádiz (1812, Fernando VII) y firmada por el medallista español Félix Sagau y Dalmau

La costumbre de perpetuar la memoria de los reyes y ensalzar los hitos históricos de su gobierno cala en las principales cortes europeas, que adoptan una moda que vive su apogeo entre los siglos XVII y XIX de manos de personajes como Guillermo de Orange, Luis XIV, Federico el Grande o Napoleón Bonaparte en una patente rivalidad que da lugar a las llamadas ‘guerras metálicas’.

Este concepto temprano de fabricar series de medallas para regalar a dignatarios y embajadores será posteriormente aprovechado por los editores particulares para comercializar tiradas sobre diferentes temáticas y personalidades destinadas a satisfacer la creciente demanda de un público aún elitista.

JURA CONSTITUCIÓN. REY ALFONSO XIII. PLATA LEY. 1902. BARTOLOMÉ MAURA
Jura de la Constitución de Alfonso XIII. 1902. Autor: Bartolomé Maura. Plata de ley

El auge de la medalla como canal oficial de propaganda política también se aprecia en las piezas editadas con motivo del advenimiento, jura o coronación de los reyes, un área prolífica ya que, por ejemplo, sólo de Carlos IV existen más de 140 referencias entre las fabricadas en la Península y las posesiones de ultramar.

Estas unidades nacen para ser distribuidas entre el pueblo o regaladas a instituciones y notables a la manera de la antigua práctica romana de arrojar monedas a la plebe con motivo de acontecimientos relevantes.

Suelen ser acuñadas por las Casas de la Moneda en oro, plata, bronce o compuestos más modestos y, en ocasiones, se les da valor monetario.

Gerónimo Antonio Gil. Fuente: https://www.museodelprado.es
Medalla de 1780 acuñada en bronce dorado por Gerónimo Antonio Gil y denominada ‘México en el nacimiento del príncipe don Carlos’ . Fuente: www.museodelprado.es

En este campo destacan en España dos grabadores del siglo XVIII, Tomás Francisco Prieto de la Casa de la Moneda de Madrid y su discípulo, el zamorano Gerónimo Antonio Gil, que firman muchas medallas de proclamación de gran talento.

Este último, el medallista más importante del periodo colonial y diseñador de varias de las piezas más hermosas de Nueva España, deja su indeleble huella en la medalla conocida como El Caballito que representa los bustos de perfil de Carlos IV y su esposa Luisa, reyes de España y de las Indias.

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Medalla francesa de bronce dedicada a los Tres Sacramentos y datada en 1880

Sin embargo, la influencia de la medallística, una herramienta muy útil para leer y comprender el pasado, no se restringe a este ámbito conmemorativo sino que alcanza todo tipo de materias y acontecimientos.

Medallas religiosas y militares

Así, merecen un breve apunte las medallas religiosas y militares que crecen notablemente en número y diversidad de estilos y contenidos.

Las devocionales, de piedad o sacramentales, existentes desde los primeros siglos de la Iglesia católica cuando se cristianiza la práctica de los amuletos de los que derivan pero escasas antes del siglo XV, son piezas de metal acuñadas con alguna figura en bajorrelieve y acompañadas de una inscripción.

Medalla escapulario Virgen del Carmen y Corazón de Jesús. Cellini. Siglo XIX. Chapada en oro

Suelen colgarse del cuello o sujetarse en la ropa como recuerdo piadoso o testimonio de fe y representan la hagiografía cristiana, además de recrear milagros, santuarios, cultos, hechos y acontecimientos (jubileo).

Podían ser redondas, cuadradas, ovaladas, octogonales, en forma de corazón o polilobuladas y realizarse por acuñación, fundición o con troquel. Aparecen junto a los medallones fabricados en oro, plata, plomo, latón, cobre o bronce y estampados con el monograma de Cristo, alfa y omega.

Su época dorada tiene lugar en el siglo XVIII cuando se incorporan nuevas escenas devocionales (ángeles, advocaciones marianas, canonizaciones, órdenes religiosas…) y brotan dos tipologías, las redondas con asa y relieves y las caladas o de tipo ventana con una imagen central.

Medalla de Melilla. 1909

Las medallas militares, distinciones estatales y supranacionales para premiar actos de valentía y mérito, honrar servicios valiosos o recordar eventos notables, suelen estar acabadas en oro, plata y bronce de acuerdo a sus clases que ponderan las conductas recompensadas.

Sus antecedentes se encuentran en la Edad Media y las Órdenes de Caballería (feudales, hospitalarias, nobiliarias, reales…) que dan paso a las Órdenes de Mérito, civiles y militares.

Medalla Triple Alianza. 1914-1915

En España son conocidas los que conmemoran Centenarios (sitios, batallas, reconquistas…), las de las Campañas (Marruecos, Cuba, Filipinas…), las recompensas de Guerra y Paz o las concedidas por las Reales Ordenes Militares.

En otras naciones europeas como Italia, Francia y Alemania existen también variedad de distinciones desde medallas al valor y al mérito militar, de reconocimiento de los voluntarios de guerra o por campañas coloniales y operaciones bélicas.

La estética de las medallas conmemorativas muta con la caída del Absolutismo y el rechazo a los estilos imperantes, el Barroco y el Rococó, en favor de una apariencia neoclasica que ejemplifican las medallas napoleónicas que entroncan su figura con la de los césares romanos.

La llegada del romanticismo, un movimiento cultural que prioriza los sentimientos y nace en Alemania y el Reino Unido como reacción contra la Ilustración y el Neoclasicismo, introduce aires nuevos y la medallística deja de estar ligada a la pintura para considerarse una expresión escultórica.

Durante el siglo XIX resurge en Inglaterra el arte del medallón fundido de la mano del francés Alphonse Legros y sus discípulos, muy influenciados por Pisanello, cuyos trabajos darán un nuevo impulso a la disciplina

Otro evento relevante será la invención de los tornos reductores que permiten grabar directamente en un troquel de acero, lo que cierra la separación de modeladores y grabadores de medallas.

En la segunda mitad de la centuria la medalla se nutre de la aportación de las artes aplicadas y la pintura y la escultura se combinan con la orfebrería y la fundición en bronce para dar lugar a obras y enfoques multidisciplinares.

El artesano y ebanista galo Alexandre Charpentier, asistente del innovador Ponscarme, es uno de los impulsores de este nuevo estilo que experimenta con una enorme variedad de formatos y materiales como estaño, mármol, madera, cuero y terracota.

Medalla carlista del Ejército del Norte de Bernardo Castells y el grabador Pablo Vidal (1878). Acuñada para conmemorar la victoria de Alfonso XII sobre los rebeldes

En España, el sector crece de la mano de la Real Casa de la Moneda de Madrid y la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando que en 1831 introduce las clases de grabado de medalla en las que se forman personalidades como Luis Marchionni, Eduardo Fernández Pescador y Alberto Estruch.

Además, en 1857 se funda la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado, que enseñará a otros muchos medallistas nacionales (José Esteban y Lozano, Enrique Noney y Gálvez…).

La época contemporánea trae consigo la industrialización y la producción seriada pero también es un periodo de gran interés artístico en el que importantes creadores trabajan la disciplina y la contaminan con todas las corrientes estéticas que salpican la centuria pasada, enriqueciendo la medalla y consolidando el producto como artículo de colección.

édaille Exposition universelle de Paris 1900. Graveur Jules Clément Chaplain (1839-1909)
Medalla de la Exposición Universal de París (1900) del grabador francés Chaplain

Uno de ellos es Jules-Clement Chaplain con sus sensuales medallas modernistas, en las que combina el romanticismo con el formalismo oficial, como la realizada para la Exposición Internacional de París (1900), y otro el multipremiado Louis Oscar Roty.

Este artista, presidente de la Academia de Bellas Artes de Francia, emplea el formato rectangular e introduce decorados vegetales en alternancia con el texto en placas de líneas fluidas y delicadas asociadas con el Art Nouveau y cargadas de simbolismo.

La medallística también se regenera gracias a las nuevas tendencias estilísticas que llegan de Austria, Checoslovaquia, Hungría y Alemania (realismo heroico) y al auge de las exposiciones y certámenes locales e internacionales.

Exposición Regional Valenciana. Año 1909. Mariano Benlliure

A nivel nacional, hay que resaltar la labor de escultores como el modernista Eusebio Arnau y Mascort, los valencianos Francisco Pallás y Mariano Benlliure, el famoso Bartolomé Maura, el más conocido y representado medallista español del periodo, y el sevillano Lorenzo Coullaut Valera.

El Art Decó trae consigo la introducción progresiva de adornos geométricos y funcionales y surge también un creciente interés por los avances tecnológicos y el uso de alegorías.

Durante las guerras mundiales, la medalla abandona ese espíritu optimista y adopta un tono oscuro y crudo acorde con los acontecimientos. Los artistas recurren a la sátira y al uso de elementos expresivos góticos, una línea en la que destaca el alemán Karl Goetz.

El fin de las contiendas supone la recuperación de la producción medallística y en décadas posteriores este arte rompe cualquier límite.

MEDALLA HONOR. VILLA DE ALGETE. PLATA Y ESMALTE COLORES. AÑOS 70
Medalla de Honor de la Villa de Algete en plata y esmalte de color

Los creadores experimentan e innovan con nuevas composiciones, texturas, materiales, juegos cromáticos, acabados, técnicas combinadas y motivos abstractos y figurativos hasta crear un lenguaje propio y autónomo como soñaba Pisano.

Algunos sobresalen por su capacidad de abrir caminos y encontrar horizontes nuevos como Henri-Georges Adam, un artista gráfico amigo de Picasso que frecuentaba los círculos de los surrealistas, o André Belo, autor de interesantes medallas y bajorrelieves en bronce.

En nuestro país existen también notables ejemplos de artistas célebres que han trabajado para la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, una gran impulsora de la afición por la medalla gracias a sus cuidadas series de placas de colección.

De una extensa lista, podemos destacar a Fernando Jesús (colección Oficios), Julio y Francisco López Hernández, Salvador Beneyto, con sus medallas de exploradores y navegantes, Ramón Ferrán Saavedra, Manuel Prieto, con sus personajes de la literatura española y las escenas de tauromaquia, y Fernando Somoza (Ríos de España).

Río Júcar (1987). Somoza. Cobre. Fábrica Nacional de Moneda

La medalla, una recreación plasmada en metal a través del diseño, el modelado, el grabado y la acuñación, ofrece alternancias de diámetro y grosor en función de su concepción y complejidad técnica y cuenta con una terminología propia para definir determinados aspectos.

Así, el vocablo exergo hace referencia a la palabra situada debajo del tipo (busto, imagen o figura representada), el cordón alude al borde de la medalla, la gráfila es la orla de puntos o línea, la leyenda es la inscripción que sigue el contorno de la pieza y diferentes es el vocablo empleado para designar las señas del grabador indicativas de un taller o fábrica.

MEDALLA ALFONSO XIII. HOMENAJE DE LOS AYUNTAMIENTOS. 1925. BRONCE
Medalla de bronce de Alfonso XIII con cinta de tela con tres franjas. Homenaje de los Ayuntamientos. 1925

Términos usados con asiduidad por coleccionistas y aficionados a un mundo apasionante que armoniza arte, historia, cultura y pasión metálica, la que se siente al recorrer los relieves de las medallas antiguas que las manos del tiempo depositan en nuestro presente.

Deseamos que os haya entretenido la entrada de este mes y os animamos a dejad vuestros comentarios, muy importantes para enriquecer los artículos y dotar de vida a este blog que tanto esfuerzo conlleva.

Como en nuestros últimos reportajes hemos ilustrado la narración con diversas fotografías y enlaces a medallas antiguas que están actualmente a la venta en nuestra tienda online, artículos ideales para regalar e iniciarse en el coleccionismo de medallas y monedas conmemorativas, religiosas o militares.

Nos vemos después del verano. Disfrutad mucho de las vacaciones.

Medalla de la Constitución Española (1978) de Julio López Hernández

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