Libros de coleccionismo que hay que leer

Ejemplares de libros en inglés y español dedicados al mundo de la relojería

El verano es una de las épocas del año que más incitan a la lectura, así que vamos a aprovechar la entrada de este mes para recomendar algunos títulos interesantes a nuestros amigos coleccionistas.

Aunque en la actualidad la red se ha convertido en la herramienta indispensable para obtener información y poner en contacto a personas con inquietudes equivalentes, los volúmenes especializados siempre son una guía necesaria para los amantes de las antigüedades y los artículos de colección.

Exigen, a veces, pagar cifras altas por ejemplares raros, técnicos y descatalogados y mayoritariamente se publican en inglés pero, a cambio, ofrecen imágenes y datos que, por cuestiones de derechos y otros motivos, es complejo encontrar online.

Dentro de las múltiples ramas que abarca el coleccionismo queremos dedicar el post a los que se centran en los artículos de escritura y la relojería, dos de nuestros campos predilectos.

Un libro de cabecera de referencia para los amantes de las estilográficas

De cara al futuro, es posible que vayamos ampliando el artículo ya que nuestra actividad profesional e interés personal nos ha llevado a acumular una extensa colección que toca áreas muy diversas (dedales, máquinas de oficina, artículos religiosos, juguetes, medallas, encendedores, joyería, carteles, complementos…).

Entrando en materia, uno de los libros que no deberían faltar en la biblioteca de un coleccionista es ‘Fountain pens of the world’ de Andreas Lambrou.

Muchos internautas han criticado al autor por la inexactitud de algunos de los datos del ingente trabajo, que abarca la historia y los modelos más representativos de casi todas las marcas relevantes de la industria, y también por su precio, por encima de los cien euros, pero con ojearlo un poco desaparecen las dudas.

Casi 450 páginas a color con modelos a tamaño real que deleitarán, sin duda, al amante de las estilográficas y los artículos de escritura antiguos y le permitirán identificar y datar con rapidez cualquier pieza gracias a su utilidad como herramienta para profesionales y aficionados.

Ejemplar dedicado a las plumas japonesas

Este autor, una autoridad mundial en este ámbito, ha escrito bastantes otros libros y recientemente presentó, en colaboración con Masamichi Sunami, un título tan ambicioso como el anterior aunque para públicos más específicos.

‘Fountain pens of Japan’ nos abre una ventana a las bellas, y desconocidas para algunos coleccionistas, plumas creadas en el lejano Oriente con las técnicas del maki-e y nos descubre muchos de los secretos de sus manufacturas, sin olvidar profundizar en otras referencias más actuales

Otras lecturas que nos ofrecen una aproximación genérica al sector de los artículos de escritura sin necesidad de desembolsar tanto dinero son ‘Antique writing instruments’ de Stuart Schneider y George Fischler y ‘Pens and pencils’ de Regina Martini.

‘Pens and pencils’ de Regina Martini

El primero, al contrario que los anteriores, es un libro compacto, manejable y de consulta diaria, que en 160 páginas nos desvela una historia resumida de las firmas clásicas y fotos de modelos con una breve identificación y una tasación estimada, un dato que suele venir algo desfasado pero sirve de orientación y denota la rareza y exclusividad de algunas piezas.

Por su parte, el segundo trabajo, publicado por la conocida editorial Schiffer, otorga, sin dejar de lado a las casas míticas, más presencia a las marcas europeas y británicas aunque emplea fotografías de menor calidad y resolución y muchas vienen en blanco y negro.

Interesante libro de consulta

En un plano intermedio entre los citados encontramos ‘Fountain pens Past & Present’ de Paul Erano con una parte gráfica aceptable y muchos consejos para comprar estilográficas con cierta seguridad, determinar su valor y adquirir piezas de cara a completar una colección relevante, además de una guía de precios de los modelos recopilados.

También merece unas líneas ‘The Chronicle of the fountain pen’ de Joao Pavao Martins, Luiz Leite y António Gagean, un libro que siguiendo una evolución cronológica nos va presentando las patentes, modelos, marcas e innovaciones tecnológicas que hicieron posible el nacimiento y el desarrollo de las plumas estilográficas.

Por último, y dirigido especialmente a los manitas, no podemos olvidarnos de nombrar el maravilloso ‘Pen repair’ de Jim Marshall y Laurence Oldfield, lleno de imágenes y ejemplos didácticos para profundizar en los secretos de la reparación de artículos de escritura.

En nuestra opinión el mejor libro que existe para reparar estilográficas antiguas

Como hemos comentado la oferta de títulos en español es reducida pero en materia de artículos de escritura podemos encontrar ‘Plumas estilográficas’ de Jonathan Steinberg, una guía dirigida al coleccionista con notas históricas, relación de fabricantes ordenados según el valor de sus creaciones y mucha información útil para el aficionado.

Hace un par de años también apareció, a un precio de unos 50 euros, ‘El gran libro de la estilográfica’, editado por Barbro Garenfeld.

Un volumen de tapas duras con sobrecubierta de medio millar de páginas, bastante completo e interesante, que analiza la historia, los fabricantes y los modelos emblemáticos pero dejando pinceladas sobre tecnología, materiales, portaminas, bolígrafos, elementos publicitarios, diseñadores y otras cuestiones relativas al mundo de los artículos de escritura antiguos y modernos.

Para cerrar esta rama de contenidos dejar constancia de otro título, en este caso con un valor de 70-80 euros y dirigido a los amantes de las plumas alemanas, llamado ‘Diario de Montblanc y Guía del coleccionista’ de Jens Rösler.

Un ejemplar que se centra en la primera época de la legendaria marca e incluye imágenes promocionales y procedentes de los archivos de la empresa y la familia, modelos primitivos, submarcas, detalles de catálogos y datos para interpretar el sistema de numeración, los tipos de plumines, los modelos de clips y las estampaciones de las piezas.

También existe un libro publicado recientemente en catalán por la editorial Dalmau, ‘Josep Vila Sivill (1904-1967)’ de Albert Verdaguer Vila-Sivill, una curiosa biografía del empresario que manufacturó la primera estilográfica española, la conocida Regia, y el primer bolígrafo de Europa, el Regia Continua.

Libro dedicado a la firma Montblanc

Igualmente, en el mercado podemos encontrar otros muchos ejemplares más especializados y dedicados en exclusiva a marcas de renombre como Parker y Montblanc, a modelos míticos como el 51 y el Duofold o a periodos históricos determinados.

Por lo que respecta a la relojería, hay multitud de libros que bien merecen una compra, algunos genéricos y otros orientados a los relojes de bolsillo, los relojes de pulsera o los relojes de sobremesa y pared antiguos.

El primero del que vamos a hablar, el ‘Diccionario Antiquaria de Relojes’ publicado en castellano en 1986, es un volumen de 271 páginas en blanco y negro y color escrito por el periodista Luis Montañés.

Los diccionarios Antiquaria resultan bastante útiles para el coleccionista

Aborda toda la historia de la relojería y ofrece un compendio de términos usados habitualmente por los aficionados que le permite dar una visión integral del ramo aunque se echa en falta más presencia de relojes de pulsera.

Ya en 2005 aparece la ‘Enciclopedia del Reloj de Bolsillo’, un ejemplar caro, sobre 80 euros, pero muy práctico para el coleccionista.

Es una extensa obra de José Daniel Barquero y la editorial Amat que incluye más de un millar de fotografías a color y un profuso repaso por la historia, la mecánica, las marcas y el análisis, a través de pequeñas fichas, de los modelos más representativos recopilados en museos y colecciones públicas y privadas.

Siguiendo con esta temática, podemos citar un libro de pequeño tamaño y asequible, ‘Coleccionismo de relojes de bolsillo’ de José Miguel Echevarría, lanzado en el lejano 1977 por la editorial Everest.

Barquero hace un exhaustivo análisis de los relojes de bolsillo

157 páginas que hacen un recorrido histórico desde el siglo XVI al XIX e incluyen apéndices sobre los autómatas y los relojes musicales.

Para cerrar el repaso en español, reseñaremos la ‘Guía del Coleccionista de Relojes’ de Derek Roberts y la editorial Susaeta del año 1998.

Un trabajo, presentado en tapas blandas y con la parte gráfica a todo color, que se centra en los relojes de carruaje, pared y sobremesa manufacturados a ambos lados del Atlántico sin olvidar otras referencias como las unidades esqueletizadas y de misterio y la cronometría de precisión.

Otro libro fundamental es ‘Complete price guide to watches’ de Richard E. Gilbert, Tom Engle y Cooksey Shugart, casi una biblia para el coleccionista avezado

Se trata de un ejemplar de bolsillo en rústica con ediciones revisadas que supera el millar de páginas y sólo ofrece imágenes en negro, pero recoge miles de precios estimados de unidades de pulsera y bolsillo de las principales marcas mundiales, con especial interés en las estadounidenses.

Un excelente manual de consulta que ganaría bastante si el ingente caudal de información recogido en sus hojas se plasmara en un formato mayor y con un mejor tratamiento visual ya que, a veces, resulta difícil hasta leerlo por la concentración de datos y el tamaño de letra de algunos elementos.

En materia de relojes de bolsillo, nombrar dos referencias, ‘Pocket watches 19th & 20th century’ de Alan Shenton y ‘The artistry of the english watch’ de Cedric Jagger.

La guía de precios indispensable

El primero, aunque emplea mayoritariamente fotos en blanco y negro para no encarecer un producto que puede adquirirse desde 35 euros, nos ofrece una extensa relación de modelos distribuidos según el tipo de escape (de rueda catalina, de cilindro y de palanca).

Dedica especial atención a líneas muy coleccionables como los cronógrafos de bolsillo, los Roskopf, los ocho días cuerda, los despertadores, las unidades de sonería y repetición y los modelos novedosos (solapa, ciegos, viaje…).

El segundo, comercializado inicialmente a un precio inferior a 30 euros, se especializa en el reloj de origen británico y resulta una gozada pasar sus páginas llenas de hermosas piezas de oro, plata y esmalte con movimientos con galluzas caladas y ornamentadas, cajas de fina decoración y elegantes leontinas y chatelaines.

Si buscamos libros económicos que traten el tema de los relojes de bolsillo y también incluyan y hablen de las unidades de pulsera una opción es elegir uno de los tres siguientes volúmenes: ‘Watches’ de Dean Judy, ‘100 years of vintage watches’ de Dean Judy y ‘Watches’ de Reyne Haines.

El primero y el tercero, editados ambos por Warman’s, son ejemplares de bolsillo de tapas blandas y fotos a color que incluyen una relación de precios de relojes antiguos de las casas más conocidas junto a una breve reseña histórica.

Resultan una buena adquisición para iniciarse en el complejo mundo de la relojería y hacerse una idea de los parámetros económicos en los que se mueve el mercado de relojes vintage.

El otro escrito también por Judy, un relojero americano dedicado a la venta y restauración, sigue la misma línea que los anteriores pero ofrece muchos más datos prácticos para el aficionado, con más páginas dedicadas a la evolución histórica, el grado de deterioro de las piezas antiguas, los parámetros a identificar cuando se vende o se compra un reloj y los números y fechas de producción de las principales marcas.

Para culminar la entrada queremos ofreceros cuatro títulos específicos para los amantes de los relojes de pulsera.

‘Wristwatches’ de Gisbert L. Brunner y Christian Pfeiffer-Belli y ‘Vintage wristwatches’ de Reyne Haines son dos ejemplares de 186 y 255 páginas editados por Schiffer y Krause que sirven de puerta de entrada a esta adictiva afición y resultan complementarios.

Ambos incluyen tasaciones de piezas conocidas pero mientras que el primero es un manual de uso -con pocas fotos a color pero muchos datos para distinguir las falsificaciones, los calibres, los sellos de contraste, los términos técnicos y los nombres de las firmas históricas, incluyendo un apartado dedicado a la casa Swatch-el segundo ofrece una parte visual fantástica aunque se focaliza en las grandes marcas y sus modelos más representativos.

Si queremos trabajos más completos podemos optar por elegir una versión trilingüe en cartoné que la editorial Könemann realizó en el año 2006 del título ‘Wristwatches’ de Brunner y Pfeiffer-Belli, un volumen de 511 páginas con pocas pegas y que cubre casi todos los aspectos que un coleccionista busca con una compra de esta índole.

Ejemplar, de 519 hojas, tiene un precio que oscila entre los 30 y los 60 euros según el estado y el vendedor

En un nivel equivalente podemos colocar a ‘Wristwatches, history of a century’s development’ de Helmut Kahlert, Richard Mühe y Gisbert L. Brunner (Schiffer, 2005, Fifth edition).

El ejemplar, de 519 hojas y un precio de 30 a 60 euros según el estado y el vendedor, recopila infinidad de información sobre los orígenes del reloj de pulsera, las unidades tempranas, las patentes y avances tecnológicos, los secretos de las maquinarias y las complicaciones, los precios, el glosario de términos y las firmas suizas de primer nivel como Patek, Audemars Piguet, Vacheron o Rolex.

Versión trilingüe en cartoné  que la editorial Könemann realizó en el año 2006 del título ‘Wristwatches’ de Brunner y Pfeiffer-Belli

Y con esta última referencia terminamos. Si conocéis algún otro libro interesante os agradecería un comentario al respecto en la entrada con el fin de compartirlo con el resto de usuarios.

Que paséis buenas vacaciones. Regresamos en septiembre.

El punzonado de la alpaca y el metal plateado (II)

Centro de mesa. Alpaca blanca y piedras verdes. Escudo. Años 40

Siguiendo con la entrada inconclusa sobre los contrastes y las técnicas empleadas en piezas chapadas y realizadas con materiales similares a la plata, este mes hablaremos de cómo estimar la época de un artículo, de los términos y numeraciones que aparecen estampados en los objetos y de algunos fabricantes y enseñas conocidos dentro del sector.

Otra de las marcas que aparece de forma frecuente en los artículos antiguos plateados es ‘Hotel Silver‘, una nomenclatura que alude a una galvanoplastia realizada expresamente para el sector hotelero y de transporte de pasajeros.

También pueden encontrarse palabras como Plata veneciana (Venetian Silver) y Plata de Nevada (Nevada Silver) que identifican piezas de metal sólido (níquel) mezclado con plata en una proporción menor que la esterlina.

Otro punzón interesante hace referencia a la Plata Ruolz, una aleación de cobre, níquel y plata empleada en cuberterías y joyería y desarrollada en 1841 por el conde francés Henri de Ruolz.

El químico descubre también un método para dorar o platear objetos aplicando electrolisis y usando metales preciosos disueltos en cianuro de potasio.

Siguiendo con esta línea, podemos citar también a la enseña gala Christofle, fundada en París en 1830 y dedicada, una década más tarde, a la producción de productos chapados gracias a la adquisición de la licencia francesa sobre las patentes de galvanoplastia de George y Richard Elkington y a los descubrimientos de Ruolz.

Sello de la casa francesa Christofle

La prestigiosa firma, que completa su gama con artículos de platería, implementó también una colección (Gallia) elaborada con una aleación metálica similar al estaño que suele ir marcada Gallia Metal y sus piezas chapadas casi siempre incluyen, además de sello de la manufactura, los dígitos que hacen referencia al espesor del recubrimiento.

En el caso de España, la emblemática casa Meneses, un taller que desde 1840 manufactura cuberterías y objetos de plata de primera calidad y llega a ser Proveedor de la Casa Real, produce desde sus inicios piezas chapadas.

El fundador, Leoncio Meneses y Alonso, aprende las técnicas del dorado, el plateado y la galvanoplastia de mano de ingenieros británicos durante una estancia en Gibraltar e introduce en España estos procedimientos en muchas de sus colecciones.

Contraste sobre un cubierto chapado en plata fabricado por el taller de Meneses

Estos productos pueden aparecer con sellos como Meneses y Meneses Madrid acompañados de la expresión metal plateado o los números alusivos al grosor del baño de metal precioso.

Otras muchas marcas prestigiosas en el ámbito internacional como la joyería estadounidense Tiffany & Co., fundada en Nueva York en 1837, han lanzado líneas y colecciones de piezas plateadas para captar clientes de menor poder adquisitivo.

Grosor del chapado

La calidad y el espesor del baño puede expresarse de diferentes maneras.

En Francia y España, por ejemplo, se opta muchas veces por catalogarlo mediante micras (10, 20, 35, 45, 55, 70, 85, 90) mientras que en el Reino Unido y Estados Unidos eligen un sistema de letras (AA, A1-AI, A, B, C y D) que, por índice alfabético, determinan el grosor del enchapado conteniendo la primera categoría tres veces más plata que la segunda.

Leyenda que hace referencia al cuádruple baño de plata que recibió el objeto

Otra fórmula es emplear expresiones como doble, triple y cuádruple para indicar la cantidad de baños que ha recibido el objeto en cuestión, un parámetro decisivo ya que marca la durabilidad del artículo.

Distintas numeraciones, a menudo de cuatro cifras, pueden aparecer también en este tipo de referencias antiguas e identifican el número de producción, la patente o el stock del fabricante, además de coincidir con las que se muestran en los catálogos impresos para los minoristas.

Igualmente, existen muchas otras marcas comerciales que remiten al metal precioso aunque no lo contengan conforme a ley.

Es el caso de la expresión Tibetan silver, una aleación que en origen llevaba un 30% mezclada con cobre, zinc y otros metales y que en la actualidad carece de ella, y a diferentes términos ( Albion silver, African silver, Argentum, Argentium, Austrian silver, Brazillian silver, Norwegian silver, Pelican silver, Potosi Silver, Venetian Silver, Silverite, Silver Soldered, Sterling Inlaid…) que apuntan a laminados y aleaciones.

Marcado alfabético usado en muchos países anglosajones que determina la calidad del enchapado (AI, generoso grosor)

También hay otras fórmulas que pueden llevar a equívoco al comprador cuando, en este caso, se refieren a plata de ley de la mejor calidad como sucede con Argentium silver, una aleación que contiene un 93,5% o un 96% de metal precioso combinado con cobre y metaloide germanio y que en su versión más pura se equipara con la plata Britannia (95,8%).

La plata auténtica suele presentarse en purezas que van desde las 800 milésimas (plata antigua europea, european silver o continental silver) a las 925 de la esterlina.

Datación de artículos plateados

Como indicamos al principio del post, los fabricantes de objetos chapados no suelen seguir reglas estandarizadas para marcar sus piezas y generalmente los punzones se inspiran en los oficiales para el metal precioso, usando letras góticas y las iniciales del creador en lugar de su nombre.

En los británicos puede aparecer una S detrás de la denominación comercial que significa Hijo / Hijos aunque también puede referirse a la ciudad de Sheffield. El sistema de letras cubre igualmente localidades como Londres (L), Manchester (M) y Glasgow (G) pero que se sepa no existe la B de Birmingham.

Para procurar fechar o valorar una pieza de esta índole hay que buscar información que nos permita situarla en el tiempo.

Sello de electrochapado de la marca Gorham

Datos como la prohibición gubernamental de grabar la corona de la platería de Sheffield en productos chapados desde 1896, las fechas del registro del patrón en la Oficina de Patentes o la marca Ld o Ltd, que ubica el artículo con posterioridad a 1861, nos pueden ayudar.

Otros en los que podemos fijarnos son la estampación de las letras Rd seguidas de una cifra (después de 1883), la aparición de la palabra Inglaterra (obligatoria para la exportación a América a partir de 1891) o la leyenda Made in England (usada después de 1921).

También se puede recurrir a estudiar el estilo de la pieza, rastrear la historia empresarial y societaria de la compañía y buscar grabaciones de dedicatorias o eventos especiales en el objeto como las conmemoraciones reales.

Las empresas de mayor dimensión (Elkington, Walker & Hall, Mappin & Web…) introducen voluntariamente sistemas para datar sus laminados de plata, usando series de letras recogidas en escudos o figuras geométricas, que son de gran utilidad para el coleccionista.

Marcas y contrastes

Existen infinidad de firmas a ambos lados del Atlántico dedicadas al comercio de artículos laminados, chapados o elaborados con materiales que simulan plata.

Contrastes con cierto empaque para los neófitos que corresponden a un baño de plata sobre una base de metal britannia

En Estados Unidos y Canadá encontramos casas como Academy Silver, Anchor Silver Plate, Alvin Corporation, Apollo Silver Company, Bailey & Co., Barbour Bros, Barker Bros, Henry Birks & Sons, Corbell & Company, Evans Case & Company, Gotham Silver, Holmes & Edwards Silver, Ernest Kaufmann, Landers, Frary & Clark, Majestic Silver Company, John O. Mead, Napier, Oneida Silversmiths, Rogers, Rockford Silver Plate, James H. Stimpson y Eg Webster & Son.

Por lo que respecta a Europa, citaremos también algunas marcas distribuidas por países: Reino Unido (William Adams, Alpha, Barker Brothers, Jonathan Bell & Son, Cardinal Plate, Carrington & Company, Civic, William Clark, Falstaff, Fenton Brothers Ltd, Ianthe, Imperial, T. Land & Sons, Joseph Parker y William Page & Co), Francia (Alfenide, Cailar, Bayard & Cie, Felix Cheron, Rex, Deschamps Freres, Charles Julien, Aristide LeClerc y Saglier Freres), Alemania ( Fleitmann & Witte, Floreat, Gayer & Krauss, Gerhardi & Co y Orivit), Suecia (C. R. Carlstrom y Gense), Dinamarca (S. Christian Fogh y Hans Jensen), Polonia (Fraget), Italia (Guido Galbiati e Ibis), Rusia (Alexander Kach), Bélgica (Usines Reppel) y Holanda (Van Zwanenburg y Royal Zilverstad).

Marca de la empresa americana Apollo Silver

Esta relación es tan sólo una pequeña muestra de compañías y enseñas ya que la abundancia hace imposible entrar más a fondo en la cuestión.

 Por último, en materia de contrastes recalcar que lo importante es no dejarse deslumbrar por coronas, cabezas de animales, elementos arquitectónicos, letras y demás parafernalia a la que recurren las casas comerciales para tratar de dar más empaque a piezas sin plata o con un bajo contenido de metal precioso.

Lo primero es determinar el tipo de compuesto y su grado de calidad y luego, si es posible, el país o zona de fabricación para finalmente procurar identificar la marca y una fecha estimada de manufactura.

Punzón sencillo que identifica la alpaca

Una vez aclaradas estas cuestiones, nuestra opinión es que no tiene mucho sentido perder tiempo intentando datar una pieza que sabemos que es chapada salvo que tenga una calidad sobresaliente o posea atributos singulares ya que su valor siempre será bajo al contrario que la plata de ley.

Pero como muchas personas nos reclaman con mensajes información referente a todos estos temas esperamos que esta serie de dos artículos os sirva para esclarecer gran parte de vuestras dudas.

El punzonado de la alpaca y el metal plateado (I)

Conjunto de hueveras con soporte. Metal plateado. Christofle y Travis Wilson

En paralelo a la platería existe todo un mundo de punzones empleados para marcar los distintos materiales que imitan la apariencia del metal precioso, contrastes que no siguen patrones definidos ni están sujetos a una estricta regulación gubernamental.

Estas marcas buscan además mimetizarse, en la medida de lo posible, con los sellos legítimos de plata con objeto de llevar a equívoco al comprador, satisfacer su orgullo de aparentar poseer un bien que no puede pagar o camuflar a terceros inexpertos el compuesto plebeyo.

Conocerlas a grandes rasgos resulta necesario para descartar, en un primer vistazo, que el metal sea noble y para, si el objeto lo merece, intentar dilucidar su origen y fabricante, algo complejo por la multitud de firmas internacionales que se dedican a la producción de piezas chapadas, laminadas, galvanizadas y de alpaca o metal blanco.

En la entrada de este mes vamos a procurar aclarar muchas de las dudas que concita este asunto.

Un sello que induce al comprador a pensar que trata con plata maciza cuando es metal chapado

El valor de la plata ha provocado que históricamente los artículos elaborados con este metal no estuvieran al alcance de todos los públicos y los orfebres han ideado fórmulas para hacer piezas más asequibles e incrementar el número de compradores potenciales.

Ideas que pasaban, al inicio, por aligerar el peso, simplificar los diseños, optimizar la manufactura u otras similares.

Punzón referido a la línea de galvanoplastia para hoteles

Todo cambia en el siglo XVIII cuando se introduce el plateado y el chapado en sus diferentes versiones y se patentan varios compuestos que imitan la apariencia de la plata.

Los acontecimientos decisivos que permiten hacer ese sueño realidad sin mermar exteriormente la calidad ni frenar la imaginación del orfebre se producen a partir de 1740.

El plaqueado inglés y la alpaca

El descubrimiento del laminado Sheffield y la producción continental de plata alemana abren la posibilidad de fabricar de forma seriada todo tipo de objetos con acabado de plata pero a precios irrisorios en comparación con las piezas de platería tradicional.

Leyenda que nos indica que la pieza es de cobre y lleva un chapado de plata

La placa británica (Sheffield plate), que combina estratos de plata y cobre para manufacturar una amplia gama de artículos de menaje del hogar (cucharas, juegos de té y café, jarras, cubiertos, bandejas, candelabros…), fue desvelada por casualidad por Thomas Boulsover, un trabajador de la empresa Sheffield’s Cutlers.

Al calentar en exceso el mango de un cuchillo que iba a reparar, observa que la plata derretida y el cobre se fusionan en dos capas diferenciadas pero que responden a los estímulos como si fueran un único metal.

Marca de plateado de la firma William Hutton

El hallazgo le compila a establecerse por cuenta propia y en nuevos experimentos desvela que, tras fundir una delgada lámina de plata sobre un lingote de cobre y trabajar el material para disminuir su grosor, los compuestos se reducen también a una velocidad equivalente.

Siguiendo este proceso puede manufacturar láminas metálicas con una delgada capa de plata pura en la parte superior y una gruesa capa de cobre debajo que consiguen el efecto de emular el metal precioso.

El método se mejora con la introducción, a partir de 1770, de la conocida como forma de doble sándwich en los accesorios con interior visible que quedaban así forrados por ambos lados -dos láminas de plata sobre una de cobre- mientras que el borde se soldaba, doblaba o disimulaba con ingenio.

Por su parte, la plata alemana, una mezcla de cobre, níquel y zinc en proporción habitual de 60%, 20% y 20%, también denominada comercialmente como níquel plata, argentan, latón niquelado, alpaca, german silver o mailechort, no contiene metal precioso.

Debe su pomposo nombre a que fueron los trabajadores metalúrgicos alemanes los que lograron producirla en el continente a imitación de la aleación china Paktong, acepción que recibían las mercancías importadas a Occidente desde Cantón realizadas con el cobre blanco que se confundía con la plata esterlina.

Sello de metal chapado que recrea las líneas de punzones de la plata auténtica británica

Esta aleación se menciona en escritos europeos desde finales del siglo XVI y en torno a 1750 surgen las réplicas alemanas del material que se concretan dos décadas más tarde en un producto equivalente producido por la metalurgia germana Suhl.

En 1823 se celebra un concurso para mejorar el compuesto hasta hacerlo visualmente indetectable en relación a la plata auténtica, reto que logran los hermanos Henniger y Ernst August Geitner con la creación de la alpaca que incluye una proporción de estaño.

Las ventajas de la nueva formulación en relación al método de Sheffield se ponen de manifiesto con el uso y el progresivo deterioro de los objetos ya que al tener un color casi idéntico al metal precioso aguanta mejor el paso del tiempo mientras que la placa británica deja ver el cobre al desgastarse.

Leyenda referida al Metal Britannia, una aleación plateada muy usada en la época

Al constatarse que la alpaca es más dura que el cobre, que fusiona bien con la plata y que puede servir de metal base para el proceso inglés, el material se introduce en el país a partir de 1830 y unos años después se implanta en Birmingham un centro de producción.

Otra aleación de peltre usada mucho en la época es el metal Britannia, de aspecto plateado y compuesto por un 92% de estaño, un 6% de antimonio y un 2% de cobre.

Sintetizado por primera en vez por James Vickers en torno a 1770, se le conocía como ‘Vickers White Metal’ y, tras unos años producido en Sheffield bajo la licencia, su inventor y herederos siguieron fabricando el material durante más de medio siglo.

Tras la aparición del proceso de galvanoplastia con plata en 1846, se empleó como metal base para el chapado (viene marcado EPBM, metal Britannia electrochapado) y como alternativa de bajo coste respecto a la alpaca (EPNS, níquel plateado electrochapado) que ofrecía mejor brillo y durabilidad.

Otras marcas alusivas al metal de la composición que pueden encontrarse en las piezas antiguas son EP (Electro plated), BP (Britannia plate), EPGS (Electro plated German silver) o EPWM (Electro plated white metal).

Retrato del científico italiano Brugnatelli

El galvanizado

El galvanizado y sus diferentes técnicas (electrodeposición, deposición de vapor al vacío y deposición por pulverización catódica) permiten aplicar una capa de metal sobre otro mediante una corriente eléctrica o, en jerga más técnica, recubrir, por depósito electrolítico, un cuerpo sólido con una capa metálica.

El nuevo procedimiento, deudor de las investigaciones electroquímicas de los italianos Luigi V. Brugnatelli y Alessandro Volta con la pila voltaica, fue replicado, en torno a 1839, con técnicas equivalentes implementadas en Gran Bretaña y Rusia y, pronto, se extendió también a Estados Unidos.

Poco después, el británico John Wright acredita que el cianuro de potasio es un electrolito apto para el chapado del oro y la plata y sus patentes le sirven para, junto con sus socios los hermanos Elkington, fundar una industria en Birmingham que se convierte en la primera productora mundial de galvanoplastia.

Sello de la casa Elkington que obtiene un éxito mundial con sus productos

Los alemanes no tardan en adoptar la tecnología y abren la primera fábrica en Hamburgo (1876).

En Sheffield, uno de los principales centros productores mundiales de metal precioso y aleaciones metálicas, la galvanoplastia con plata pura y la electrodeposición coexisten con el sistema tradicional de placas.

Este último, que pervive hasta principios del pasado siglo y se destina a artículos de mucho desgaste como botones y jarras, se combina, en ocasiones, con el galvanizado para crear piezas híbridas de cuerpo plaqueado y detalles plateados.

Para evitar confusiones al referirse a ambos procesos técnicos suele emplearse el término Sheffield Plate para designar los artículos fabricados mediante electrodeposición (baño de plata) y la expresión Old Sheffield Plate para los elaborados con placas de plata pura sobre cobre.

Continuará en mayo

 

Pilas benditeras, arte religioso y escudo protector

Benditera. Virgen con Niño. Plata de ley 925. Cuenco de agua bendita decorado con gallones. Adornos de querubines, volutas y motivos florales. España

El agua bendita como representación del Espíritu Santo, elemento purificador, hacedora de indulgencias y escudo protector contra el mal, las enfermedades y las desgracias siempre ha despertado el interés de los creyentes por sus propiedades sobrenaturales.

Ya desde época paleocristiana, los católicos emplean diversos recipientes para recoger pequeñas cantidades de las fuentes y depósitos situados en los lugares de culto que luego portan encima o guardan en sus domicilios para usarla en los ritos diarios y hacer frente a cualquier emergencia.

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Huchas: el juego y la ilusión del ahorro

Hucha de la juguetera Jyesa de hojalata litografiada y con mecanismo de manivela

Alcancía, cerdito, chanchito, cofrecillo, ladronera, vidriola, hurtadinero, olla ciega, almajarra, huaca, furchaina, sparschwein, kanzîyatireline, piggy bank, money box, cèlèngan… el extenso vocabulario existente en castellano y otras lenguas para definir este objeto destinado al almacenaje de dinero denota su antigüedad y la tradición social que acompaña su uso.

Las huchas de ahorros de las que hablaba Cervantes, en origen vasijas y recipientes ovoides cerrados, elaborados con arcilla no vidriada y dotados de una hendidura estrecha por donde echar las monedas que obligaba a romperlos para recuperar el capital, se vinculan a la necesidad humana de salvaguardar la riqueza.

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