Postales, impronta de la memoria colectiva

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Postal editada por la empresa Mayor Hermanos para un ‘libro de imágenes’ recuerdo de la ciudad vasca en la que varios menores posan en primer plano en una concurrida Playa de la Concha

Soporte de comunicación interpersonal, canal publicitario y vehículo de propaganda política, las postales, hoy vestigios del pasado desplazados por la pujanza del mundo virtual, guardan memoria de la evolución socio-histórica de un país y sus habitantes.

En estas frágiles cartulinas, que reflejan vestimentas, panorámicas urbanas, oficios, antiguos negocios e industrias, monumentos, paisajes, personajes ilustres, costumbres, fiestas populares, certámenes científicos, caricaturas, reflexiones autógrafas, medios de locomoción, escenas eróticas, progresos técnicos y celebraciones religiosas, podemos hallar respuestas a múltiples preguntas sobre más de un siglo de historia humana.

De gran valor documental para estudios y análisis y muy atractivas también para los coleccionistas de recuerdos, nacen al amparo del desarrollo de los servicios de correos modernos y son deudoras de una herencia que se remonta a las estampas de imágenes, los libros fotográficos y las tarjetas patrióticas, de visita y presentación, dibujadas, grabadas e impresas y ofrecidas en infinidad de colores, grosores, formatos y acabados.

En nuestro país a partir de la segunda mitad del XIX comienzan a emplearse sellos de papel con el busto de Isabel II para el franqueo de cartas y en 1853 el sistema, testado en el interior de Madrid, cubre toda la Península hasta fijar, un lustro después, una frecuencia gradual de entrega diaria.

Las primeras postales circulan en España en 1873, en línea con el resto de naciones europeas e impulsadas por el espíritu modernizador del Sexenio Revolucionario, y un año después se configura en la ciudad suiza de Berna la Unión Postal General.

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La casa madrileña Hauser y Menet lideró la edición de postales ilustradas a partir del año 1890 gracias a su apuesta por la tecnología de la fototipia

Esta entidad, conocida después como Unión Postal Universal, organiza conferencias multilaterales que culminan en la implantación de un espacio postal único que facilita la circulación mundial del nuevo producto que, en torno a 1896, representa de media el 11% de los objetos transportados (cartas, periódicos, paquetes, muestras…) entre los países que conforman la organización.

La postal alcanza en su primer ejercicio de vida la nada despreciable cifra de 320.000 unidades distribuidas en el territorio nacional aunque su fulgurante éxito se marchita debido al impuesto de guerra que sufraga la contienda contra el Carlismo -en 1877 sólo suponían el 0,3% del global-para renacer a finales de la centuria con la aparición de las unidades ilustradas que aceleran su venta y comercialización.

Durante la segunda década del siglo XX, coincidiendo con la última etapa de la considerada edad de oro (1902-1914), circulan ya en España un total de 133 millones de tarjetas a pesar de los efectos perniciosos de la Primera Guerra Mundial en el comercio (encarecimiento de materias primas, disminución del volumen de visitantes…).

Serie de postales humorísticas publicada en Bélgica
Serie de postales humorísticas publicada en Bélgica

Un dato que ilustra la relevancia del fenómeno, que se había extendido hasta las poblaciones más pequeñas, y sirve para hacerse idea de la sólida afición a la cartofilia de los españoles de cualquier edad y condición.

Concebida para una correspondencia breve al descubierto sin sobre y pensada, en principio, para impulsar el correo y promover las comunicaciones comerciales y corporativas, este medio crece ayudado por las bajas tarifas de franqueo, normalmente la mitad de una carta ordinaria, y por los avances en materia de impresión y fotografía que abaratan su coste y lo dotan de arte y creatividad.

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Cartulinas realizadas en Valencia por Andrés Fabert con los pasos de Salzillo de la Semana Santa de Murcia

El primero en recomendar, en una conferencia celebrada en 1865, la implantación de la postal es el alemán Heinrich von Stephan, aunque será Emanuel Herrmann quién, tras una discusión sobre la privacidad de las comunicaciones, vea aprobado su proyecto de tarjeta para el servicio de correos austriaco.

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Retrato del economista austriaco Emanuel Herrmann, inventor de la postal

El sistema es inaugurado cuatro años después vendiendo en el primer trimestre tres millones de unidades, por lo que su ejemplo será seguido en los ejercicios posteriores por la mayoría de naciones europeas, además de Canadá y Estados Unidos que lo pone en marcha en las mismas fechas que España.

En nuestro país dos decretos, de 1871 y 1872, permiten la distribución de postales a partir de diciembre de 1973, año en que también circulan ediciones privadas y anónimas que serán prohibidas posteriormente en favor de las estatales.

Las primeras oficiales sólo llevaban impresa la alusión al nombre del producto y la leyenda ‘República Española’ presidiendo la cartulina, además de la indicación referente a que el contenido se escribiera en el reverso y fuera firmado por el remitente, mientras que las privadas ofrecían una amplia gama que podía incluir viñetas o propaganda.

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Según datos recogidos en el libro ‘España en la tarjeta postal’, las ilustradas, que juegan con los colores, experimentan con los recursos gráficos e innovan con la presentación y la distribución de espacios, llegan a partir del año 1890 y contribuyen de manera notable a la popularización del soporte.

Las primeras unidades de este tipo salen de los talleres de la nueva casa constituida por los suizos Oscar Hauser y Adolf Menet y son realizadas siguiendo el procedimiento de la fotocolografía y la fototipia, un sistema de impresión fotomecánica, idóneo para plasmar fotografías, que fue desarrollado en 1856 por Louis Alphonse Poitevin y se utilizó en la edición de postales hasta los años cincuenta.

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Imagen de un libro de treinta tarjetas postales de Hauser y Menet centrado en la belleza arquitectónica de Burgos

Esta famosa empresa madrileña, que a comienzos del siglo XX comercializaba medio millón de referencias al mes, está considerada la mejor del país dentro del ramo y destaca por la notable calidad y nitidez de sus imágenes.

Otra sociedad que entró en este mercado fue la histórica casa fundada por el fotógrafo francés J. Laurent para ilustrar libros y editar láminas que desde el año 1900 y bajo la dirección de Lacoste se centra en las postales, sacando bellas series sobre artistas españoles contemporáneos.

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Anverso de una postal de la casa Laurent realizada a partir de una fotografía de Lacoste sobre cuadros de pintores españoles
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Reverso de la tarjeta de la imagen superior donde se aprecia el sello de la casa y el registro del fotógrafo

A estas dos editoriales se le unieron en Madrid y Barcelona otras firmas reconocidas como la catalana Dümmatzen, Hermenegildo Miralles, José Campos -centrado en las zarzuelas-, Josep Thomas que ofrecía veinte mil temas diferentes, Castrillón, Palais Postal, Ruiz Vernacci, Reyes Moreno -especializado en postales galantes-, Ernesto Ramos y Reyes Postal y sus desnudos artísticos.

Nombres que se suman a Viola y Verger, Pujadas, G. H. Alsina con ediciones en bromuro, mate y brillo, César Fernández, Andreu con referencias de bajo precio, A. La Clau, Fomento, Fotografía Industrial Jové, Bartrina & Cía que ofrecía tiradas fotomecánicas o Alberto Martín editor de postales geográficas.

Igualmente, el éxito del producto se ve acompañado por la creación de revistas y publicaciones especializadas (El Boletín de la Tarjeta Postal Ilustrada, El Coleccionista de Tarjetas Postales), por la constitución de sociedades y clubes de entusiastas (Sociedad Cartófila Española Hispania, Sociedad Cartófila Universal L’Ideal) y por la variedad de canales de venta y distribución pública.

Surgen series de todo tipo, alimentadas por los intercambios de los coleccionistas, y la riqueza temática, técnica y artística de las postales, muchas veces obra de reputados fotógrafos, ilustradores y pintores (Mucha, Casas, Utrillo…), las convierte en objeto de deseo como las estereoscópicas de Bailly-Bailliere, las ‘sicalípticas’ coloreadas de contenido sexual, sin autoría ni fecha de edición, o las barométricas en las que un paraguas empapado en cloruro de cobalto cambia de color según la meteorología.

En 1905 se aprueba en España la división del reverso en dos partes, una para el franqueo y las señas y la otra para el mensaje, cerrando el círculo para la llegada de la postal moderna.

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Unidad de la editorial Mateu donde se aprecia el reverso dividido con un espacio para el texto y otro para la dirección

Hasta entonces una de las caras se reservaba para el destinatario y el remitente y el texto debía colocarse en la otra, en la parte de la ilustración, sobre ella o en un hueco blanco.

Entre esa fecha y los comienzos de la década de los treinta, año en que circulan en el territorio cerca de 26 millones de unidades, se consolida en nuestro país, aunque con retraso respecto a las naciones de nuestro entorno, una industria autóctona que refleja en sus productos la realidad social, política y cultural.

Atractiva postal coloreada
Atractiva postal coloreada mediante la técnica de las anilinas transparentes

Nacen empresas en otros puntos de España que elaboran, distribuyen y venden postales al por mayor como Santiago S. Soler en Castellón de la Plana, Herr P. Rahola en Girona, Miret Hermanos en Valencia y, en Valladolid, Guillén e Hijo, Clemente Zurita -que apuesta en su catálogo por los asuntos de América-, y Alfonso López y Compañía experto en tarjetas pintadas a mano de niños y amorosas.

También aparecen diferentes técnicas de reproducción (huecograbado, litografía, cromolitografía…), y hasta la llegada del color impreso las imágenes se colorean para dotarlas de mayor vivacidad, brillo y atractivo mediante unas anilinas transparentes que se fijaban en la emulsión.

Otras novedades tecnológicas tienen que ver con el desarrollo de las primeras máquinas para hacer postales como las presentadas por Kodak y la Madelette Postcard Camera. Aparatos que eran adquiridos por muchos pequeños emprendedores ya que permitían realizar directamente, en un minuto, fotos sobre tarjetas en cinco estilos diferentes e incluso con forma redondeada sin usar cámara oscura, películas o placas negativas.

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Vista de Sevilla firmada por la empresa madrileña Heliotipia Artística Española

Los felices años veinte, que en España estuvieron marcados por la dictadura de Primo y en Europa representaron una década de prosperidad y crecimiento, traen consigo la comercialización de postales de lo más variopinto como las iluminadas, las esmaltadas, las perfumadas, las desplegables, las bordadas y las dotadas de versos, resortes y relieves.

La consolidación de una clase media urbana estimula el turismo y, por ende, la manufactura y adquisición de tarjetas para dar cuenta a familiares y amigos de los lugares visitados y las experiencias vividas. En nuestro país el desarrollo de los Paradores va unido al lanzamiento de diversas series con apoyo estatal que, a veces, se comercializan también en el extranjero para estimular los viajes y difundir las bondades de España como destino.

Ejemplo de postal erótica. Fuente: http://www.tiempodehoy.com/
Ejemplo de postal erótica. Fuente: http://www.tiempodehoy.com/

Además, se venden ediciones con retratos de personajes influyentes, reproducciones de los fondos de los museos estatales, algunas comentadas, tiradas clandestinas eróticas procedentes en su mayoría de París -prohibidas en diversas etapas y perseguidas y calificadas de obscenas por los sectores conservadores y clericales-y colecciones de contenido político que se potencian hasta convertirse en instrumentos de propaganda durante la Guerra Civil por parte de ambos bandos.

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Postal extranjera que refleja una escena en la ciudad francesa de Lourdes con un grupo de mujeres junto a una fuente

En este sentido, hay que resaltar la gran cantidad de tarjetas publicadas por falangistas y republicanos para exaltar a líderes y mártires, difundir consignas ideológicas, levantar el ánimo de la tropa y adoctrinar a la ciudadanía como la serie patriótica de retratos ‘Forjadores del Imperio’ del fotógrafo zaragozano Jalón Ángel o ‘Vida del soldado’ editada en Valencia y obra del dibujante Marín.

Son años en que los sublevados, que al principio importaban unidades de Alemania, Italia y Portugal al estar las principales editoriales nacionales bajo control estatal, y el gobierno legítimo de la República, que contaba con recursos técnicos y una amplia nómina de artistas y fabricantes afines (Ediciones Españolas, Ediciones Forja, Editorial Estrella), conceden diferentes franquicias postales con el fin de facilitar la correspondencia de combatientes, heridos y evacuados.

Al finalizar la contienda, la postal, que ya forma parte de la memoria colectiva de la nación, restringe su distribución interna e internacional debido al aislacionismo del régimen de Franco -España, uno de los socios fundadores de la Unión Postal Internacional, es expulsada de la organización en 1947-y habrá que esperar a la década de los cincuenta para recuperar los niveles de circulación anteriores al conflicto.

La coyuntura limita también las importaciones y los profesionales se ven obligados a emplear papel y película fotográfica nacional cuya fabricación estaba monopolizada por el empresario catalán Negra i Tort y la familia Oriol a través de la empresa Valca.

El objetivo era el autoabastecimiento del sector dentro de los planes diseñados por el Instituto Nacional de Industria pero los productos autóctonos nunca alcanzaron el grado de calidad de los alemanes y los estadounidenses.

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Serie de postales taurinas comercializada por Luciano Roisin cuyo fondo editorial era una referencia en todo el país

Las primeras postales producidas en los cuarenta carecen de la diversidad anterior y presentan tratamientos visuales monótonos. La mayoría se editan en soporte fotográfico y las pocas impresas son de muy baja calidad. No cuentan con elementos singulares y sólo tienen interés en la medida que muestran los primeros indicios de cultura franquista.

Uno de los pocos autores que escapan a este triste escenario y que recoge en su obra parte de la esencia de la etapa precedente es Luciano Roisin.

Desde su establecimiento de Barcelona, la Casa de la Postal situada en la Rambla de Santa Mónica, encarga a profesionales locales las vistas que luego incluye en el exitoso catálogo de la casa, una referencia nacional que en los orígenes se nutría de las excelentes imágenes que el fotógrafo y uno de sus sobrinos realizaron por toda España.

Roisin, especializado en postal geográfica o de vista de lugares y monumentos, llega a nuestro país en torno a 1918 y durante dos décadas engrosa el archivo hasta alcanzar las cuarenta mil instantáneas logrando que el negocio perviva en manos de sus herederos hasta comienzos de los sesenta y que su legado se conserve hoy en día tras ser adquirido por el Instituto Fotográfico de Cataluña.

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Sello de la casa de artes gráficas Mateu resaltado con cerco de rosas

Los aires de aperturismo y los planes modernizadores de los cincuenta favorecen la aparición de un nuevo estilo de unidades ilustradas ligadas a la propaganda del régimen y editadas por las instituciones franquistas en tiradas de diversa calidad técnica y estética.

Un ejemplo serán las series publicadas por el Instituto Nacional de Estadística, con datos sobre el crecimiento de la nación y dibujos y fotografías de los logros obtenidos, que combinan elementos tradicionales y novedosos y apuntan el advenimiento de la tarjeta impresa en offset, gestada al amparo del desarrollo turístico.

Estas postales, plastificadas y a todo color, inciden en los tópicos y en una visión exótica y singular de España pero a través de ellas podemos observar la revolución social que se gesta con la llegada de visitantes extranjeros de costumbres más laxas.

Será el Ministerio de Información y Turismo el encargado de reunir a los mejores fotógrafos de la época para captar instantáneas que atraigan a los foráneos: imágenes de sol y playa, de toros y flamenco, fiestas populares y trajes típicos.

Otras entidades como Iberia también obsequian a sus viajeros con vistas de ciudades españolas de interés turístico y aparecen empresas como Paisajes Españoles (1955) dedicadas a obtener fotografías aéreas del país para el negocio postal.

El turismo constituye uno de los ejes centrales del negocio postal
El turismo constituye uno de los ejes centrales del negocio postal

Con los años, el centro de producción nacional se desplaza a Zaragoza que contaba con numerosos profesionales de valía aunque también es digna de mención la tarea desarrollada por la sociedad barcelonesa Escudo de Oro, fundada a mediados de los cincuenta y activa hoy en día, con un fondo de postales de los cinco continentes.

En la localidad maña destacan, sobre todo, dos compañías de espíritu local que, gracias a la riqueza, calidad y precio contenido de sus publicaciones, ganan con los años una importante cuota de mercado nacional.

Ediciones Arribas, activa desde principios de siglo y constituida por Manuel Arribas Andrés, y Luis García Garabella, un fotógrafo que opera en los años cincuenta y sesenta, implantan un sistema de trabajo bajo pedido que les ofrece excelentes resultados.

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Postales editadas a principios de los años ochenta por la Lotería Nacional

Recibían encargos de pequeños distribuidores de toda España que enviaban las diapositivas y recibían por correo las postales deseadas en soporte fotográfico y luego impresas con la nueva tecnología a color.

La tarjeta como forma de comunicación resiste bien la década de los setenta pero decae irremediablemente a partir de los ochenta cuando los nuevos hábitos sociales destierran el consumo masivo y lo restringen a la mínima expresión, acabando con la actividad de la mayoría de las casas del sector.

El uso de postales queda limitado a una compra puntual e impulsiva, propia de áreas turísticas, aunque el soporte mantiene cierta pujanza como canal artístico y herramienta de marketing corporativo y vive un renacer, ya alejado de la esencia de sus orígenes, a través de las nuevas formas digitales que inundan ordenadores, teléfonos y tabletas.

De forma paralela, crece el interés coleccionista por las unidades antiguas que se extiende en todo el mundo a partir de la década de los sesenta y goza hoy en día de una salud envidiable con numerosas ferias, encuentros y certámenes y gran cantidad de publicaciones sobre la materia lo que augura muchos años de vida a unos artículos que en su nacimiento apuntaban a una existencia breve y efímera.

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